Columnistas

Página quince: Mi corazón al desnudo

Nací hemofílico y he aprendido a vivir con la amenaza atroz del sida desde que fui diagnosticado seropositivo hace 35 años.

Escribo este testimonio para todos aquellos quienes padecen de hemofilia, sida, hepatitis, cáncer o asperger, y lo hago para decirles que se puede, y de sobra, vivir con todo eso. Que vamos a triunfar, y lo celebraremos juntos.

Mis palabras son un canto a la vida. Hablo desde el conocimiento profundo de la postración y la enfermedad, y les puedo asegurar que venceremos. Caeremos muchas veces, pero será únicamente para erguirnos, doblemente vigorizados. Estamos condenados al triunfo, amigos, compañeros de batalla. En ustedes veo a mis hermanos del alma. Es por ustedes que he decidido revelar hoy públicamente la faceta médica de mi vida. Sí, mi cuerpo alberga una multitud de enfermedades, pero ellas no me tienen a mí: ¡Soy yo quien las tiene a ellas, bien agarradas por el pescuezo!

Soy hemofílico. Enfermedad genética. Cuando me fue diagnosticada (de la peor manera: a causa del profuso sangrado de la circuncisión), el médico le dijo a mi mamá: “Señora, yo no me encariñaría con el chiquito. La hemofilia es una enfermedad de prognosis muy reservada”. Mi mamá lloró durante muchos días con sus noches. Me mandaron a hacer la cunita al mismo tiempo que el ataúd. Hoy, tengo 56 años y el médico que emitió mi sentencia de muerte es polvo de huesos.

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