Dos ferrocarriles hemos perdido: el eléctrico al Pacífico y el del Atlántico. Ahora, se propone uno nuevo, cuyo costo financiará el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).
Costa Rica lo merece y lo necesita, salvo que la duda, la pequeñez y el separatismo partidario prevalezcan y apaguen el interés nacional de tenerlo.
El tranvía fue eliminado invocando la razón y la sinrazón de dar más espacio a la avenida central y al paseo Colón.
El segundo paso fue reemplazar las locomotoras eléctricas alemanas por unas rumanas de diésel contaminantes.
¡Qué extraño que en ese entonces el país estuviera atrasado en la protección del ambiente! Años más tarde, se dio el tercer paso: la supresión de los dos ferrocarriles, el eléctrico al Pacífico y el del Atlántico.
Fueron sustituidos por una empresa de tráileres. Pero faltaba otro paso, correspondiente al ferrocarril eléctrico al Pacífico: desmontar el tendido eléctrico cuyo recorrido era de 116 kilómetros de San José a Puntarenas. También, había estaciones, muchas de ellas abandonadas hoy.
Enfrente de lo que fue la estación de Turrúcares, existen, oxidadas, instalaciones conectadas a la planta eléctrica de Tacares, que producía la corriente de los cables que rozaban el pantógrafo de las máquinas alemanas.
Estas, igualmente, fueron exportadas, como también salió del país la chatarra sobrante de los dos talleres de Limón y San José.
Por desgracia, el interés exportador terminó por imponer la avidez de los ladrones, que comenzaron a robar los rieles del trayecto Caldera-Barranca.
Es mucho lo que el país ha perdido; mas ojalá los diputados omitan dudas y banderías políticas y aprovechen el préstamo otorgado por el BCIE. Sin duda alguna, Costa Rica merece y necesita el ferrocarril urbano propuesto: San José-Cartago-Heredia-Alajuela. Ya no perdamos más.
El autor es abogado.