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Página quince: Las telenovelas mentales de Leonardo Garnier

El exministro de Educación convirtió un incentivo por cumplimiento de meta en un pago que los docentes reciben sin importar si trabajan los dichosos 200 días

Eli Feinzaig, columnista Opinión
Eli Feinzaig, columnista Opinión

Discutir con Leonardo Garnier es todo un ejercicio para el desarrollo de la paciencia franciscana. Cuando cree que nadie lo verá, recurre al insulto. “Pendejos”, nos espetó en Twitter a los autores de un artículo, publicado cuando se inició la pandemia, donde propusimos —vaya herejía— que, para enfrentar el enorme y creciente hueco fiscal que se abre ante nuestros ojos en estos tiempos de crisis sanitaria, sería necesario recortar el gasto no esencial del gobierno y, posiblemente también, los salarios de los funcionarios que no están en el frente de batalla contra la covid-19.

Cuando estima que va a ser leído, como en el caso de un artículo que publicó en Internet el domingo pasado (“Cuánto se equivoca quien pretende ahorrar en educación”), utiliza una técnica más sutil, pero igual de despreciable: tergiversar lo dicho por quien él critica, para lanzarse, como el caballero de la triste figura, lanza en ristre, contra molinos de viento imaginarios.

Para que lo entienda quien fue ministro de Educación durante ocho años, no ahorraré palabras. Garnier recurre a una de las más comunes falacias argumentativas, la del hombre de paja, que consiste en modificar un argumento expresado por el rival por otro parecido, por lo general absurdo y, por ende, más fácil de rebatir, o, como en el caso que nos atañe, simplemente para hacer perder credibilidad a la otra persona.

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