Columnistas

Página quince: Japdeva y el artículo que nunca escribí

Surrealismo en Japdeva: tenía ¢15.000 millones para prepararse para competir, lo desperdició; el BCIE les prestó $82,7 millones y se desconoce qué pasó con esa plata; y la nueva presidenta le pide a Recope, que no es una financiera, crédito para pagar remuneraciones.

Guardo en mi escritorio recortes de periódicos con noticias dignas de comentar en algún momento. Entre ellos, una nota de este diario publicada el 26 de marzo del año pasado, titulada “Japdeva acumula cinco años de pérdidas”. Quería usarla de ejemplo de cómo en Costa Rica las entidades públicas pierden su norte, su razón de ser y su viabilidad, pero insistimos en perpetuarlas con enormes costos para la ciudadanía. A la luz de las más recientes revelaciones, cuánto me arrepiento de no haber escrito ese artículo.

En días recientes, la presidenta ejecutiva de Japdeva, Andrea Centeno, declaró a Noticias Monumental que la entidad necesita una inyección de ¢2.500 millones mensuales para hacer frente a sus obligaciones, supuestamente, por la caída de ingresos causada por la puesta en marcha de la terminal de contenedores de Moín (TCM), operada por APM Terminals.

Los problemas, sin embargo, datan de mucho antes y no pueden ser achacados a la concesionaria. Bajo esquema monopólico, es decir, sin competencia, y con un régimen regulatorio que le permite pasar sus ineficiencias a las tarifas (por el principio de regulación al costo), Japdeva dejó de tener ganancias hace muchos años. ¿Por qué? Porque, como buena parte de las empresas estatales, perdió el norte y se convirtió en una mera agencia de empleo y botín de sus sindicatos.

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