Columnistas

Página quince: El tiempo de las mujeres

Un nuevo 8 de marzo, otra vuelta al sol de un mundo que está en deuda con nosotras.

Abogada, activista cívica
Abogada, activista cívica

Hay quienes miden el tiempo con el reloj y el calendario. Mucho antes de que se inventaran esos artilugios, desde que la humanidad existe, la luna nos sembró el tiempo en el vientre a las mujeres. “En todas las estaciones y guiadas por la luna… A veces lloran, a veces arrullan, a veces chillan… Siempre llevan” (Cecilia Afonso Esteves). A fuerza de repetirse una y otra vez, nos volvemos una con la luna. Pero no es solo ella la que dicta nuestro tiempo, nuestros tiempos, que no son iguales para todas.

La niñez es más breve para aquellas a quines se la roban. ¡Infinidad de niñas ven su infancia truncada por el deseo de hombres enfermos y la estupidez de sociedades injustas! “Cómo voy a ser ya, niña en tumulto, forma mudable y pura, o simplemente, niña a la ligera, divergente en colores y apta para el adiós a toda hora” (Eunice Odio). Niñez víctima de abuso, niñez violada, niñez impropia, niñez casada, niñez esclavizada, trucada por obligaciones de adulta. Niñez que se fuga a través de la cuchilla de la tía que les mutila el clítoris o del ego de madres que las exhiben en concursos de belleza; niñas maquilladas, sexualizadas, adulteradas.

Muchas aprendemos cuánto duran nueve meses: “Ave que vuela, no: seguro nido. Cauce propicio, cálido camino para el fluir eterno de la especie” (Ángela Figuera), que una vez pasados transforman para siempre nuestra medida, para pautar el tiempo en función del alimento, del sueño, del juego, del desprendimiento.

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