Oswald Céspedes Torres. Hace 4 días

¿Hay igualdad de oportunidades educativas para todos en Costa Rica? No puedo sacarme una respuesta de la manga como harían los socialistas. Hay gente que aboga por entregar pescados y no por enseñar a pescar.

En el 2016 participé en un estudio para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre indicadores de desarrollo infantil. Hicimos una encuesta a escala nacional en el 2014 en niños costarricenses con edades entre los 24 y 59 meses.

Las pruebas realizadas fueron el test de vocabularios en imágenes peabody (TVIP), por medio del cual se miden rezagos en el lenguaje en relación con la edad, y una batería de indicadores del desarrollo infantil (IDI), en la cual se incluyen cuatro aspectos del desarrollo: cognitivo, vocabulario, socioemocional y motora.

De acuerdo con los resultados, el desempeño en TVIP sobredimensiona las diferencias por nivel socioeconómico en estudios internacionales (cuanto mayor nivel socioeconómico, mejor será el desempeño).

Sin embargo, los IDI, por ser más integrales, son más robustos en relación con el nivel socioeconómico del hogar y no se observan grandes diferencias en la tendencia entre familias de distinto estrato social.

Las conclusiones del estudio indican que hay significativa evidencia estadística entre las siguientes variables: a) los puntajes de TVIP varían positivamente según el nivel socioeconómico y los puntajes de IDI también, pero son más robustos (diferencias menos dramáticas) dependiendo del nivel socioeconómico de los hogares; b) cuando la salud de la madre es mejor, también el puntaje socioemocional de la niñez lo es; c) tanto mayor castigo físico o disciplinario, menor el desarrollo socioemocional de la niñez; d) se observó una relación inversa entre los puntajes de la motora y el nivel socioeconómico del hogar (cuanto mayor nivel socioeconómico, menos puntaje en motora, lo cual puede estar asociado al tipo de juegos, al acceso a tecnologías o aparatos electrónicos y el sedentarismo en edades tempranas de la niñez en estratos socioeconómicos más altos); e) asimismo, se observó una relación inversa entre el ambiente de crianza (definido como el tiempo de calidad que los cuidadores pasan con los niños) y el nivel socioeconómico (lo cual puede explicarse porque los hogares que más tiempo pasan con sus hijos son los del nivel socioeconómico menor debido al tiempo de trabajo de los padres).

Tiempo vital. ¿Adónde lleva esto? El desarrollo de la niñez a edades tempranas es vital para el desempeño integral en las escuelas y los colegios.

Las brechas entre los niños de diferentes estatus socioeconómicos, según sugiere la evidencia indicada, no es abismal como se dice a veces.

Hay dimensiones en las que niños provenientes de hogares socioeconómicos bajos son similares a los de otros tipos de hogares, e incluso en otras salen mejor calificados, como es el caso de la motora. Sin embargo, cuando llegan a la escuela, y posteriormente al colegio, se encuentran con calidades diferentes entre la educación privada y la pública.

Esto último determina el resultado inevitable entre unos y otros, lo cual es una realidad que no debe obviarse en materia de preparación para estudios superiores, aunque existen centros educativos, como los colegios científicos, que no tienen nada que envidiar a los colegios privados.

Sin embargo, la raíz de la desigualdad de oportunidades en nuestro país no está en la infancia temprana, sino a partir de la educación primaria y continúa en la secundaria, especialmente en la última.

La calidad no se corrige abriendo las puertas de las universidades para que entre cualquiera, si no se cuenta con los requisitos.

Debe mejorarse la calidad de la educación secundaria y la cobertura como política pública, pues ahí es donde, como sociedad, a los jóvenes se les está fallando.

Igual punto de partida. De acuerdo con el estudio de marras, pareciera que los alumnos parten de puntos iguales en cuanto al desarrollo infantil a edad temprana (casi cinco años) y la diferencia se marca a mitad del camino, cuando precisamente se supone que la sociedad entra a brindarles herramientas.

Dado lo anterior: ¿Es justo, desde el punto de vista del desempeño individual, «castigar» a los estudiantes sobresalientes que quieren ingresar a las universidades estatales solo por el hecho de que vienen de zonas urbanas o de colegios privados, incluso colegios científicos? ¿Es culpa de ellos estar mejor preparados o del sistema de educación pública el que algunos de sus «competidores» por los cupos tan restringidos de las universidades públicas estén menos preparados y hayan tenido un menor desempeño en los exámenes de admisión a esos centros de enseñanza?

De hecho, entonces, ¿tienen sentido los exámenes de admisión y las notas de presentación cuando, por más que se saquen ellos el 100 % en el examen y el 100 % en estas últimas, son excluidos sin ningún tipo de justificación técnica, solo utilizando el argumento de algún rector que cree que con eso cambiará el mundo y le hará un beneficio social y económico al país?

A algunos les preocupa la realidad y abogan por dar el pescado en lugar de velar por que el sistema educativo estatal mejore en enseñar a pescar a sus estudiantes.

A nuestra niñez debemos enseñarle a pescar desde la primaria con una reforma profunda en el sistema educativo y no con soluciones tipo parche —la parte fácil y visible ante la sociedad— para que la gente perciba «que se está haciendo algo», aunque ese algo realmente no sirve de mucho en términos prácticos.

oswald.cespedes@gmail.com

El autor es economista.