Columnistas

Página quince: El ICE me convirtió en un miserable arborícola

La suprema incompetencia de una institución a la que pago, mes a mes, para que me torture

Santiago Manzanal
Santiago Manzanal

Aquí, todas las instituciones y empresas fallan o, para ser justo y acercarme más a la verdad en el tétrico reino de las noticias falsas, casi todas: las privadas y, especialmente, las estatales, que, por ser del “pueblo”, no son de nadie.

Durante muchos años he permanecido fiel al ICE, no porque yo lo ame o lo crea merecedor de las “tres bes”: bueno, bonito y barato. He seguido con él por la gigantesca molestia e innumerables cabreos que me ocasionan la burocracia, algunos burócratas con sus actitudes displicentes, la perversa tramitomanía, las colas, las ventanillas, las absurdas instrucciones, los enrevesados formularios, el irritante tercermundismo, las horas de mi vida para siempre perdidas…, y eso es lo que habría padecido, si hubiera decidido cambiar y contratar los mismos servicios (Internet, y telefonía fija y móvil) con otra entidad. En fin, una cuestión de carácter, de mi carácter.

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