Abril Gordienko. 5 agosto

Hace unas semanas, recibí una invitación de uno de los organizadores a un foro sobre planificación exitosa de campañas políticas cantonales, en el cual participarían cinco expertos, todos hombres.

Le comenté a quien me invitó que me parecía raro que en estos tiempos se conformara un panel de solo hombres, en particular, sobre un tema como ese. Me contestó que a él no le parecía extraño y que, además, no hay mujeres reconocidas en esa materia. ¡Plop!

Sin pensar mucho, me vinieron varios nombres a la cabeza y si me esforzara un poco seguramente encontraría cuando menos 10 mujeres costarricenses que cumplen los requisitos de tener título de politólogas, comunicadoras políticas o consultoras políticas, que eran las credenciales de los expositores.

No es que no hay mujeres con suficiente conocimiento de la materia; es que no hay conciencia de la importancia de incluirlas. Lo mismo sucede con frecuencia en paneles y foros sobre asuntos económicos o científicos que se realizan en el país, con solamente hombres como expertos.

La predominancia de manels —feliz término usado en inglés para señalar los paneles exclusivamente masculinos— no se produce solo en las ciencias o la política. Abarca todas las áreas del quehacer humano.

Actos sin perspectiva de género. La crítica por la disparidad de género en foros y jurados literarios es cada vez más fuerte y tuvo un pico alto en la III Bienal Mario Vargas Llosa, celebrada en mayo en Guadalajara. La actividad fue fuertemente criticada por el insolente desequilibrio entre los hombres charlistas y panelistas y la presencia de una sola mujer en el jurado y únicamente una finalista femenina entre cinco.

Más de cien escritores, mayoritariamente hispanoamericanos, escribieron una carta en la cual dijeron: “Es inadmisible que en el siglo XXI, en plena ola de reivindicaciones por la igualdad, se organice sin perspectiva de género un evento como la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa”.

Tan solo dos meses después, al mismo tiempo que el pueblo puertorriqueño en masa exigía la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló, luego de que se publicaron unos mensajes en que ofendía a las mujeres y a otras poblaciones, la mesa de honor de la inauguración de la Feria del Libro de Lima, dedicada a Vargas Llosa, estuvo compuesta por nueve hombres. Ni una sola mujer. Indignadas, algunas escritoras modificaron el contenido de sus participaciones para hablar de su descontento y, por lo menos una, la poeta peruana Victoria Guerrero, canceló su participación.

La respuesta ante las críticas fue honesta, pero no por eso menos preocupante: “No fuimos conscientes del problema”. Esa falta de conciencia es la raíz del problema y se suma a otros motivos, como que el machismo sigue impregnando todas las actividades y disciplinas.

La injusticia no se limita a la escasez de mujeres en los actos culturales o en los paneles; se extiende también a la organización interna de las casas editoriales, a la publicación de obras y al reconocimiento y retribución de la calidad de la obra literaria femenina.

Recientemente, la laureada escritora nicaragüense Gioconda Belli escribió un artículo en el diario El País de España, titulado “La pluma femenina reclama su importancia”, en el cual desnuda que esas dos actividades, con Vargas Llosa como centro de atención, fueron solo dos ejemplos más de la realidad imperante en el mundo literario: “La relevancia de las mujeres se concede a menudo porque una es popular, o porque es joven y bonita, o porque se le respeta como columnista, editora, o con alguna posición destacada distinta de la estrictamente literaria. Los colegas escritores usan el mantra de la calidad como rasero. Yo me pregunto cuántos de ellos leen a las mujeres y les prestan la atención que merecen (…). Me atrevo a decir que el prejuicio está precisamente en los patrones de calidad con que nos juzgan. El ojo crítico leve que usan para sus congéneres se transforma en implacable cuando se trata de la obra de una mujer”.

Quisiera transcribir la columna completa de Belli, pues cada párrafo encierra una verdad que debe ser conocida y reconocida. Me limito a recomendar que la busquen y la lean.

Subrepresentadas. El impacto negativo de la subrepresentación femenina en jurados evaluadores no es exclusivo del ambiente literario. Una investigación llevada a cabo en Europa, con auspicio del Banco de España, demostró que cuando los comités evaluadores de las investigaciones para ser presentadas en las grandes conferencias económicas son solo de hombres, la probabilidad de que sean acogidas las investigaciones de economistas mujeres es un 6,8 % menor que la de sus pares masculinos.

Las razones para ampliar la presencia de mujeres en todo tipo de foros son múltiples: la justicia básica de que reflejen, como mínimo, la participación femenina en actividades profesionales y artísticas, en la investigación científica y la docencia; contar con perspectivas diversas; dar visibilidad al trabajo de las mujeres, lo que, a su vez, permite que sus aportes sean reconocidos, que reciban apoyo y financiamiento, que sean incorporados en decisiones de política pública o se consoliden como innovaciones efectivas; y motivar a mujeres jóvenes a acometer sus propios retos, entre otras.

Dichosamente, no todo está mal. El reconocimiento de la capacidad de las mujeres y de la importancia de incorporarlas a todos los ámbitos en igualdad de condiciones toma cada vez más fuerza. En Estados Unidos y en Europa, miles de hombres influyentes en diversas áreas del conocimiento, la investigación, la tecnología, los negocios, la política y la diplomacia, han asumido el compromiso de solo participar en paneles, juntas directivas, comités, jurados y en general en cualquier cuerpo colegiado en el que haya al menos una mujer en calidad de experta (no basta con que, por ejemplo, la moderación del debate esté a cargo de una mujer).

Iniciativas como Say No to Man Panels, The Pledge, No sin mujeres y No Más Debates sin Mujeres, por citar solo algunas, recolectan firmas de personas dispuestas a comprometerse en ese sentido, y dan consejos sobre cómo lograr paneles diversos, lo que empieza por crear listas de mujeres destacadas o preparadas (la fama no es tan relevante como su experiencia y dominio de la materia).

Compromisos. En el 2015, se creó en Ginebra International Gender Champions, red de dirigentes de organizaciones internacionales y de ONG, y de embajadores, con el propósito de promover la igualdad de género en lo interno y en el mundo. Además del compromiso con paneles paritarios, cada miembro de la IGC (llamados “campeones de género") asume dos compromisos individuales para fomentar la paridad dentro de su institución, tan variados como flexibilizar el horario de trabajo para madres de familia, propiciar talleres de concientización, crear protocolos de prevención de acoso sexual y laboral, hacer encuestas sobre percepción de lo que es equidad de género, etc. Los compromisos están publicados en el sitio web de la IGC.

Por su parte, el diario suizo Le Temps creó una base de datos de expertas residentes en Suiza, por materia, abierta y actualizada constantemente, con vínculos a las páginas en Internet, blogs o perfiles de Linkedln de las expertas para consulta de todo medio, empresa y organización.

En Costa Rica, las universidades estatales, el Inamu o los principales medios de comunicación podrían crear una base de datos de expertas como la de Le Temps.

La invisibilización de las capacidades y aportes de las mujeres priva a la sociedad de un patrimonio intelectual, científico, social y cultural fundamental. También obstaculiza el avance de la equidad en políticas públicas, en la erradicación de prejuicios y conductas violentas contra las mujeres, el ascenso laboral femenino y la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Si se lanzara en Costa Rica la invitación a comprometerse a no participar en foros sin mujeres, ¿usted se apuntaría?

La autora es activista cívica.