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Nube, energía e IA

Tenemos mucho ‘brainware’ que aportar. Diseñar nuevos modelos que permitan entrenar y ejecutar inteligencia artificial de manera mucho más eficiente es equivalente a ahorrarnos billones en inversión

Computación en la nube, Data centers filled with rows and rows of servers as blinking light indicate constant processing, high detail, cinematic angle composition
La Nube no es otra cosa que grandes centros de datos corriendo cientos de miles de servidores virtualizados, conectados al mundo por enormes cables de fibra óptica. Imagen: Shutterstock Shutterstock

Computación en la Nube, como la conocemos hoy, es relativamente reciente. Amazon fundó su subsidiaria AWS (Amazon Web Services) en 2002. En 2006, Google lanzó las aplicaciones Google Docs, que son software como servicio (SaaS, en inglés). Microsoft lanzó Azure en 2010, y en 2011, IBM lanzó IBM Smart Cloud y Apple lanzó iCloud. En el Club de Investigación tecnológica tuvimos la primera presentación de Computación en la Nube en 2008.

Desde hace 15 años, el movimiento hacia la Nube es inexorable. A nivel personal, ya casi nadie guarda sus cosas en discos duros. Demasiadas malas experiencias y, además, un costo innecesario, y no existen discos duros que no se llenen eventualmente y obliguen al usuario a tomar decisiones horribles sobre qué borrar y qué guardar. Mucho más fácil pagar un rojo al mes y tener un montón de espacio disponible (y, por supuesto, no borrar nada).

A nivel empresarial, la transición hacia la Nube también ha sido constante, sobre todo con sistemas modernos. Los sistemas legados son otro cuento; esos todavía están en el canasto de lo demasiado difícil. A nivel institucional, la cosa es más peliaguda, ha costado más, pero ya se ven indicaciones del movimiento hacia la Nube.

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