Costa Rica empieza a registrar síntomas del cambio demográfico y, a veces, pareciera que no tenemos idea de lo que se nos avecina.
La estructura de la población está cambiando drástica y aceleradamente. Estamos migrando hacia una sociedad con una población joven disminuida, la cual tendrá que ayudar a sostener a una amplia población adulta mayor.
Un reportaje publicado el 17 de febrero por el periodista de La Nación, Luis Enrique Brenes, sobre las casi dos millones de personas que están fuera del mercado laboral, explica que las personas mayores de 60 años constituyen el grupo etáreo que más incide en este fenómeno.
Para finales de 2025, casi un millón de personas mayores de 60 estaban fuera del mercado. Una parte logra pensionarse, pero otra queda sin jubilación, ya sea dependiendo de otros ingresos o de allegados.
Gilbert Brenes, investigador del Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica (CCP-UCR), ve una señal tempranera del proceso de recomposición demográfica.
La tasa de natalidad se redujo drásticamente a 1,12 hijos por mujer. El padrón electoral también es muestra de ello: el porcentaje de votantes menores de 35 años cayó de un 43% a un 33% en poco más de dos décadas: entre la elección de Abel Pacheco y la de Laura Fernández.
En cambio, en ese mismo lapso, el grupo de ciudadanos de entre 50 y 64 años creció de un 12% a un 21%.
El impacto de este fenómeno será abrumador sobre el sistema de pensiones. El cambio demográfico ya tiene que ponerse sobre la mesa de discusión, al mismo nivel que la deuda del Estado con las pensiones del IVM.
Sin embargo, ese no es el único campo de afectación. En los hospitales, es evidente la cantidad de adultos mayores en espera de atención en salud; cada vez más, la CCSS tendrá que hacer frente a un fuerte gasto destinado a esta población. Para una familia, es devastador ver que a un adulto mayor se le asigna una cita con un especialista para dentro de uno o dos años. Los hogares se ven obligados a gastar cada vez más en medicina privada.
Muchos mayores, además, intentan cruzar calles en donde no hay semáforos ni pasos peatonales; otros muchos intentan tomar buses mientras el gobierno reduce la frecuencia de numerosas rutas.
Es obligación de todos protegerlos. Nadie se exime de esto; todos vamos en ese camino. Para ello, se requiere de reformas que se adapten al cambio demográfico. La presidenta electa de la República, Laura Fernández, ha dado declaraciones que, claramente, toman en cuenta este factor. A quienes están en el poder, ya sea en el Ejecutivo o en el Legislativo, por favor hagan algo al respecto.
