En Costa Rica, cada vez que se habla de listas de espera, la conversación termina casi inevitablemente en el mismo punto: hacen falta más especialistas. Es cierto. El país necesita formar, atraer y retener más médicos especialistas. Pero, bajo la lupa, la realidad es más compleja.
Un especialista, por sí solo, no aumenta la capacidad de un hospital. Necesita consultorios, laboratorios, equipos diagnósticos, salas de operaciones, camas de hospitalización y, sobre todo, un equipo de enfermería que haga posible una atención segura y continua.
Además, formar un especialista es mucho más que abrir nuevas plazas de residencia. Requiere universidades de calidad, hospitales docentes, profesores —que dediquen tiempo a enseñar y supervisar—, aulas y auditorios para garantizar una formación de calidad. Formar especialistas exige invertir en la capacidad de enseñar.
No hay formación de especialistas sin pacientes. Ellos son los verdaderos maestros de la medicina. Precisamente por eso, la enseñanza debe desarrollarse siempre con respeto, privacidad, supervisión y con el bienestar del paciente por encima de cualquier objetivo docente.
Cada vez que la conversación gira exclusivamente alrededor de especialistas, hospitales y listas de espera, tengo la impresión de que estamos llegando tarde. La salud pública se construye mucho antes de que aparezca el primer síntoma.
Ningún sistema de salud puede crecer al mismo ritmo que crecen las enfermedades crónicas, el envejecimiento de la población o los pacientes que llegan con enfermedades prevenibles o diagnosticadas tardíamente. No existe presupuesto que pueda sostener indefinidamente esa demanda.
Por eso, fortalecer el sistema de salud no puede empezar en el hospital. Debe empezar con la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y una atención primaria fuerte. Después de muchos años de trabajar en la clínica, la docencia, la gestión y la salud pública, hay una lección que aprendí: ningún sistema de salud se fortalece únicamente agregando recursos al final de la cadena, se fortalece evitando que cada vez más personas tengan que recorrerla.
Necesitamos más especialistas. Sin duda. También más enfermeras, más infraestructura, mejor gestión y una decisión firme de volver a colocar la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad en el centro del sistema.
Las listas de espera no empiezan en un hospital, ni terminan con un especialista más. Costa Rica lo entendió una vez: los mayores avances en salud se alcanzaron cuando la prevención, la atención primaria y la atención de la enfermedad fueron políticas de Estado que trascendieron gobiernos. Quizá ha llegado el momento de volver a mirar hacia ese camino.
avilaaguero@gmail.com
María L. Ávila Agüero es pediatra infectóloga, jefa del Servicio de Infectología del Hospital Nacional de Niños y miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia Nacional de Medicina.
