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Meta común para el gobierno y la oposición

Por razones distintas, el Poder Ejecutivo y la oposición necesitan ponerse de acuerdo con la agenda de proyectos negociada con el FMI. Se requieren negociaciones con reglas limpias

Tanto el Poder Ejecutivo como los partidos políticos que pretenden ocuparlo el 8 de mayo, necesitan que se aprueben versiones razonables —o sustitutos adecuados— de los proyectos incluidos en la agenda del convenio con el FMI.

El primero, porque le dará aire para concluir su mandato con cierta holgura fiscal, reclamar el legado de haber puesto orden en las finanzas públicas y mantener la razonable recuperación de la economía. Los segundos, porque si la aprobación de esa agenda no los precede, deberán dedicarse, desde el inicio de sus posibles mandatos, a poner parches para evitar una crisis, desgastarse en nuevas negociaciones y perder precioso tiempo antes de impulsar prioridades sustantivas. Y asumo que, en ambos casos, existe un objetivo supremo compartido: el interés nacional. Porque sería muy grave la implosión del acuerdo.

En vista de lo anterior, gobierno y opositores deben ser muy cuidadosos sobre los extremos a llegar en su pugna, cada vez más cargada electoralmente y, por tanto, proclive a las recriminaciones extremas y pasos en falsos. En un ambiente así, cualquier error de cálculo podría dar al traste con lo poco que se ha avanzado. Y no solo perderían las partes en pugnas, sino todos los ciudadanos.

Con solo ocho meses de aquí a mayo, el Ejecutivo tiene en este pulso la posición más cómoda: no necesita de esos proyectos para sobrevivir, aunque podría reventársele la faja de tanto apretarla en su esfuerzo por contener el gasto. Para los aspirantes a sucederle, en cambio, llegar a Zapote sin haber pasado ese Rubicón sería catastrófico. Es algo en lo que, particularmente, debe pensar el PLN, con la fracción más grande y su candidato, por ahora, solo superado en las encuestas por quienes prefieren a «ninguno».

El esfuerzo conjunto debería orientarse a rendir al máximo para que la competencia en este «último», pero retorcido kilómetro de las negociaciones sobre los proyectos, se mantenga con reglas limpias y meta clara. El Ejecutivo ha sido, hasta ahora, un pésimo interlocutor proactivo. Los diputados opositores se han encerrado en actitudes reactivas. La fracción oficial luce desorientada. Así, muy poco se mueve. Es hora de entrar en negociaciones serias y expeditas. El reto es más político que técnico, pero al final ambas variables deberán coincidir.

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