El candidato de la oposición venezolana era... Disculpen la pausa, tengo que buscar en Google cada vez que voy a escribir el nombre de Edmundo González Urrutia, porque a González Urrutia debe reconocérsele haber aceptado una oferta lejana en su carrera y, a sus setenta y tantos años, poner en riesgo su propia seguridad. Sin embargo, el rostro seguido por la masa de infortunados bajo la dictadura de Nicolás Maduro era el de María Corina Machado.
Durante varios días, quienes seguimos las elecciones en Venezuela admiramos el dinamismo de María Corina al enfrentarse al poder, a un sistema corrupto y manipulador de toda la institucionalidad, incluido el Consejo Nacional Electoral.
María Corina Machado tomó en sus manos lo que ni Juan Guaidó (exiliado en Estados Unidos) ni Leopoldo López (exiliado en España) ni Henrique Capriles y otros fueron capaces de conseguir.
María Corina Machado, símbolo de la oposición, fue acosada judicialmente, detuvieron a personas de su entorno y encaró a policías de tránsito con órdenes de no dejar avanzar las caravanas, cuya cantidad de partidarios era imposible contar. Aun así, una gran mancha de jóvenes, adultos y niños la siguieron con fe —no en el sentido vacío de la palabra, sino casi como virtud teologal— aguardando un milagro: fe en ser nuevamente parte de una república libre, en trabajar por sus familias, en abrazar otra vez a quienes dejaron el país para hallar un mejor lugar desde donde ayudar a quienes se quedaron, en acabar con el duelo migratorio.
María Corina Machado removió no solo el campo político, sino también otras fibras en la población: una vez, una señora le dio una empanada; un niño, un caramelo, me cuenta el profesor e investigador venezolano Andrés Cañizalez. Y los rosarios se acumulaban en su cuello, como los exvotos ofrecidos a una santa.
La noche del domingo, el presidente chileno, Gabriel Boric, resumió llanamente lo que se anticipaba: “El régimen de Maduro debe entender que los resultados que publica son difíciles de creer”. En palabras de María Corina Machado, no fue un fraude, sino “desconocer y violar groseramente la soberanía popular”.
Quienes siguieron a María Corina y a Edmundo González volvieron ayer a las calles a gritar por su libertad. El régimen, temeroso de la gran figura de Machado, retomó su drama vulgar.
gmora@nacion.com
La autora es editora de Opinión de La Nación.
María Corina Machado removió no solo el campo político, sino también otras fibras en la población. Foto AFP. María Corina Machado recibió durante la campaña rosarios, crucifijos y otros obsequios de gran simbolismo religioso. Junto a ella, Edmundo González Urrutia, el candidato de la oposición. Foto: AFP (RAUL ARBOLEDA/AFP)
Guiselly Mora, fue editora de Opinión de La Nación hasta el enero del 2025, es periodista, correctora de estilo, especializada en literatura latinoamericana, administradora familiar, escritora y experta en cocina internacional.
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