El pasado lunes, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) publicó su Informe de Política Monetaria (IPM) correspondiente a abril de 2025. Aunque varios de los temas abordados eran previsibles dadas las condiciones actuales, la visión del Banco Central sobre el futuro económico del país dejó una sensación difícil de pasar por alto: entre cifras, modelos y proyecciones, el Banco esquivó a los elefantes en la habitación.
Desde nuestra perspectiva, vale la pena poner sobre la mesa algunas de las preguntas incómodas que el informe deja sin responder. Porque un banco central no solo debe modelar escenarios, sino también explicar, escuchar y reconocer lo que ocurre realmente en la economía. De lo contrario, corre el riesgo de publicar un documento que, más que orientar, termina siendo un “sube y baja”, sin contexto ni dirección.
Apoyarse en estimaciones y simulaciones es válido, pero cuando las proyecciones ignoran señales evidentes, como un consumo privado que pierde fuerza, exportaciones que se desaceleran o una baja creación de empleo, el resultado es un diagnóstico que habla de un país que solo existe en los modelos… y no en la realidad que enfrentan las personas y empresas todos los días.

El elefante de las tasas de interés
Uno de los puntos destacados fue la afirmación del presidente del BCCR, Róger Madrigal, de que “ningún país emergente mantiene una tasa de política monetaria tan baja como Costa Rica”. Aunque la observación es técnicamente cierta, omitió un detalle esencial: Costa Rica es también el único país emergente cuya inflación se ha mantenido sostenidamente por debajo del rango meta durante casi dos años (por mucho tiempo negativa y, más recientemente, cercana a 0).
Economías como Brasil, México, Colombia y Chile enfrentan actualmente inflaciones por encima de sus metas, lo que justifica que sus bancos centrales mantengan tasas de interés más elevadas. Por eso, comparar niveles de tasas sin considerar el contexto inflacionario de cada país es incorrecto. Es como comparar velocidades sin distinguir que unos circulan por la autopista y otros, por calles llenas de huecos.
El elefante de la desaceleración económica
El propio informe reconoce con claridad que la actividad económica se ha moderado. Señala, por ejemplo, que el régimen definitivo crece con debilidad, el comercio sigue sin mostrar un dinamismo claro y el consumo de los hogares avanza apenas un 2,7%, muy por debajo del 5,1% registrado hace un año. El consumo de bienes no duraderos, tales como alimentos y combustibles se ha estancado, y lo más revelador: el consumo de bienes duraderos ha caído, una señal clara de que los hogares están cautelosos, pensando dos veces antes de gastar el “cinco” y, si pueden, mejor lo guardan.
A esto se suma la desaceleración del turismo, el estancamiento de las exportaciones de servicios y la creciente incertidumbre global que golpea la confianza de consumidores e inversionistas. Con ese panorama, cuesta entender el optimismo del Banco Central, que apenas ajustó sus proyecciones de crecimiento de consumo e inversión (-0,1% y -0,7% respectivamente). Si el paciente viene con fiebre, presión baja y sin apetito, sorprende que ahora lo vean listo para correr una maratón.
Entre enero y mayo, el mundo se ha vuelto más complejo, más volátil, más incierto y, sin duda, menos optimista. Cuesta entonces comprender cómo el BCCR proyecta que el consumo crecerá cerca del 4% y la inversión superará el 6%. ¿Acaso no dice la teoría –y lo confirma la experiencia– que en contextos de alta incertidumbre, consumo e inversión tienden a enfriarse?
Los costarricenses, además, somos conocidos por ser prudentes: esperamos a que se aclaren los nublados del día antes de tomar decisiones grandes. Pensar que la demanda interna seguirá siendo el gran motor de la economía, en este contexto, suena más a un acto de fe que a una proyección fundamentada.
El elefante del tipo de cambio
El Informe de Política Monetaria es una herramienta clave para que empresas y hogares comprendan la situación económica del país y puedan tomar decisiones informadas. Sin embargo, hay ciertos temas que el Banco Central viene evitando desde hace algún tiempo, y uno de ellos es el impacto del tipo de cambio apreciado. Aunque el BCCR sí ha reconocido recientemente la caída en la actividad turística, y la desaceleración en las exportaciones de servicios, enumeró todas las posibles causas… menos la más evidente: la apreciación del colón.
No hay nada malo en admitir que la revaluación de la moneda ha encarecido a Costa Rica como destino turístico. Pretender ignorar ese “elefante en la habitación” no solo debilita el análisis, sino que compromete la credibilidad del diagnóstico. Hasta el propio ministro de Turismo reconoció el tema, al señalar que no espera variaciones significativas en el tipo de cambio antes de mayo de 2026. Por qué hasta esa fecha, sigue siendo un misterio. También llama la atención que ahora es el Ministerio de Turismo el que pronostica cuál será la política cambiaria.
Lo que sí resulta evidente es que el informe ganaría en transparencia si incorporara de manera más explícita indicadores que el propio Banco Central ya produce, como el tipo de cambio real multilateral, el índice de condiciones financieras o un análisis más profundo del estancamiento en las exportaciones de servicios. El Banco debería examinar con mayor rigor la coherencia entre sus decisiones y los resultados observados antes de proyectar con optimismo que las variables crecerán este año y el próximo sin ajustes en la política económica.
El elefante de que haya una mayor tasa de inflación
Para cerrar, no podemos dejar de mencionar otro elefante que aparece, casi de reojo, en el informe: el eventual repunte de la inflación. Luego de más de dos años con una inflación por debajo del rango meta –donde lo único que sigue modificando es la fecha de convergencia–, el BCCR advierte ahora sobre un posible riesgo inflacionario asociado a una “recomposición no ordenada de los portafolios”. En palabras más sencillas: que el premio por tener dólares haga que aumente la demanda de divisas, suba el tipo de cambio y eso genere presión sobre los precios.
Pero aquí vale la pena hacer una pausa. Que el tipo de cambio aumente en un contexto donde las condiciones financieras lo justifican –dado que hay un premio positivo por ahorrar en dólares– no debería ser considerado un “riesgo”, sino más bien un mecanismo de ajuste. Como ya lo han señalado varios economistas, en un esquema de metas de inflación, el tipo de cambio es justamente una de las variables que debe moverse para ayudar a reconducir la inflación hacia su meta.
Si bien el tipo de cambio no está obligado a seguir una trayectoria única –ni siempre debe subir ni siempre bajar–, lo cierto es que en los últimos meses se ha mantenido estable. No obstante, las condiciones actuales comienzan a justificar, de forma razonable, un eventual ajuste al alza. Presentar esa posibilidad como un “riesgo” en lugar de reconocerla como un mecanismo legítimo de ajuste dentro del esquema de metas de inflación transmite un mensaje ambiguo: parecería que el Banco Central prefiere mantener artificialmente la estabilidad cambiaria, aunque eso implique seguir incumpliendo su propia meta inflacionaria.
Muchas veces, el problema no es reconocer que hay elefantes en la habitación. Los antiguos presidentes del BCCR nunca tuvieron miedo de hacerlo. El verdadero problema comienza cuando se decide ignorarlos, porque cada vez hay menos espacio para moverse. Y como dice el refrán: la verdad no peca, pero incomoda. Aunque en este caso, más que incomodar… estruja.
dortiz@cefsa.cr
Luis Liberman y Daniel Ortiz son economistas.