Luego de experimentar altas tasas de crecimiento durante las décadas de los 50, 60 y 70, la mayoría de los países de América Latina cayeron en fuertes crisis financieras y económicas. De ahí siguió lo que se ha denominado la “década perdida” de los 80, caracterizada por bajas tasas de crecimiento económico, inflación y desempleo elevados, que derivaron en un grave deterioro de las condiciones sociales de la mayoría de la población latinoamericana. A partir de mediados de los 80, se aplicaron programas de estabilización para controlar la inflación, y se inició un proceso de apertura económica, comercial y financiera, que implicaba un reforzamiento de la economía de mercado y, en general, una disminución del rol interventor y regulador del Estado. Este tipo de políticas, aplicadas por los países en distintos grados, y con matices particulares en cada uno de ellos, ha sido calificado por algunos como el “modelo neoliberal”, y ha sido acusado de ser el responsable de casi todos los males que sufren los países de la región hoy en día.
En un libro de reciente publicación, Crecimiento y progreso social en América Latina , auspiciado por la fundación alemana Konrad Adenauer, se recogen los estudios de 13 países de la región para el período 1990-2006. Durante estos años, se puede observar cómo América Latina ha crecido a un ritmo anual promedio del 3%, que, si bien no es tan bueno como antes de la crisis de los 80, permite que los ingresos de la población vuelvan a ser crecientes. Como resultado, en este mismo período la pobreza se ha reducido desde un 42,4% hasta un 33,8%, y la inequidad se ha mantenido constante. Eso significa que la distribución de los ingresos entre los más ricos y los más pobres no ha variado significativamente para el promedio de América Latina.
Estos estudios desmitifican la tesis de algunos de que las políticas de apertura (de corte “neoliberal”) han causado estragos sociales en la región. Pero, también se puede concluir que aún queda pendiente la tarea de mejorar la distribución de los ingresos en América Latina. Aunque no se ha deteriorado, la desigualdad sigue siendo el talón de Aquiles de la región, ya que es una de las mayores del mundo.
La otra lección importante que se deriva de los estudios viene dada por la necesidad de crear un desarrollo institucional más sólido (estabilidad política, reglas claras, rendición de cuentas, etc.). Los países con mejores resultados, económicos y sociales, son los que tienen instituciones fuertes, como Chile, Costa Rica y Uruguay. Pero hay otros que tienen un desarrollo institucional muy débil, proclive a una corrupción enorme (Guatemala, Ecuador, Paraguay y Bolivia, por ejemplo), lo cual hace difícil que el sector privado pueda aportar más al progreso de sus ciudadanos.