Luis Mesalles. 9 noviembre

La publicidad que pautan ciertas instituciones públicas no es congruente con la crisis fiscal que atraviesa el país.

Con cierta frecuencia escucho en la radio anuncios pagados por el ICE autoalabándose por haber logrado para el país un alto grado de cobertura con energías limpias durante los casi setenta años de su fundación. La CNFL se vanagloria porque gracias a ella expulsaron a las empresas extranjeras ineficientes hace muchos años. La UCR nos recuerda que, por el desarrollo del suero antiofídico en su recinto, estamos a salvo de picaduras de serpiente.

Como dicen los panfletos de las instituciones financieras, los resultados pasados no garantizan rendimientos futuros

Sin duda son instituciones que han logrado grandes cosas y han ayudado en mucho al desarrollo del país. Por eso se han ganado el cariño de buena parte de la población. El prestigio lo han obtenido por sus acciones durante muchos años, pero, sobre todo, por sus logros palpables.

Sin embargo, como dicen los panfletos de las instituciones financieras, los resultados pasados no garantizan rendimientos futuros. Las instituciones no pueden vivir únicamente de glorias pasadas. Ante un entorno cada vez más cambiante, deben estar en una constante renovación y en vigilancia permanente del buen uso de sus recursos.

Esta semana nos revelaron que el ICE tiene pérdidas multimillonarias. Sus costos de operación se han incrementado sustancialmente y sus últimos grandes proyectos han sido fracasos. Igual le sucede a su subsidiaria, la CNFL, cuyo proyecto Balsa Inferior costó más del triple que el presupuesto original y mucho más que proyectos similares en otros países.

La UCR también ha hecho inversiones en las que la relación costo/beneficio deja dudas. Una estructura de remuneraciones llena de privilegios, más el exagerado crecimiento en infraestructura física y la incapacidad para generar recursos propios, como hacen todas las universidades en el mundo, públicas o privadas, han hecho que esa casa de estudios superiores sea altamente dependiente de transferencias crecientes del gobierno.

Las instituciones públicas no deberían estar gastando recursos públicos en cacarear sus triunfos del pasado. Menos cuando el país, no solo el gobierno, atraviesa una grave crisis fiscal. Deberían estar todas enfocadas en buscar la máxima eficiencia y eficacia en el uso de los recursos, en lugar de defender un statu quo que genera beneficios para unos pocos, en detrimento de toda la población.