Columnistas

Las pulgas viven en estado de alerta

Algunos dirían que, para evitar la ira de la gran potencia, debemos decirle que sí a todo. Otros, henchidos de enojo nacionalista, querrían envolverse en la bandera y apostarle a la carta del heroísmo antiimperialista

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Hoy quiero retomar el hilo de la columna anterior. Siento que terminé con una afirmación correcta, pero muy general. El punto en cuestión, si se acuerdan, era qué debe hacer Costa Rica, una pequeña democracia desarmada situada en el patio trasero de los Estados Unidos, esta gran potencia que hoy está dinamitando el sistema de derecho internacional (y sus instituciones) que nos amparó por varias décadas y que propugna el regreso a la “ley” de la jungla, ahí donde los chiquitillos somos peones desechables.








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