Columnistas

La transformación no es una opción

Atrasos en la adaptación a tecnologías actuales nos dejan en una precaria situación para usar las del futuro.

En las clases de Ciencias, a todos nos enseñaron que la evolución era un proceso muy lento. Tan lento que era imperceptible para el ser humano. Me refiero, por supuesto, a la evolución de las especies.

Sin embargo, Juan Enríquez en su libro Evolving Ourselves (“Evolucionando nosotros mismos”) muestra claramente que los principios de Darwin, como la selección natural y las mutaciones aleatorias, ya no aplican. Es bastante obvio que el ser humano está interviniendo en la evolución de las especies.

Pero la evolución va más allá de la biología, todo evoluciona, y cada vez más rápido. Trabajo, transporte, entretenimiento, salud, educación... la lista es larga. El ritmo de cambio se ha acelerado tanto que algunos lo llaman revolución, pero, independiente del nombre, estamos ante una serie interminable de transformaciones cada día más veloces. Una suerte de evolución exponencial.

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