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La Reserva Federal de Trump, oasis de normalidad

La idea de la independencia de los bancos centrales ha ganado amplia aceptación entre los políticos de todo el mundo en los últimos 30 años.

Kenneth Rogoff
Kenneth Rogoff

CAMBRIDGE – En una presidencia que ha mostrado poca consideración a las convenciones institucionales, ¿cómo se explican las designaciones totalmente razonables de Donald Trump para la Junta de la Reserva Federal? Las más recientes (el profesor Richard Clarida, de la Universidad de Columbia, y Michelle Bowman, de la Comisión de Bancos del estado de Kansas) siguen una línea de elegir a tecnócratas experimentados, iniciada (sobre todo) con Jerome Powell, nuevo presidente de la Reserva.

Si Trump fuera un presidente normal, la designación de individuos prestigiosos capaces de asegurar una política eficaz no tendría nada de raro. Pero este es un presidente que a menudo eligió funcionarios con poca experiencia de gobierno, para luego encomendarles la aparente tarea de crear la mayor disrupción posible en los departamentos a su cargo. Sin embargo, en el caso de la Reserva, el autor de El arte de la negociación nominó para la vicepresidencia a un académico (Clarida) cuyo trabajo más famoso se titula La ciencia de la política monetaria.

Habrá quien me diga que elogiar a Trump por mantener la estabilidad en la Reserva es como felicitarlo por no iniciar una guerra nuclear. La idea de la independencia de los bancos centrales ha ganado amplia aceptación entre los políticos de todo el mundo en los últimos 30 años. No solo es norma en democracias como Estados Unidos, la eurozona y Japón, sino que hasta líderes autoritarios como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, se toman un buen tiempo antes de desafiar a sus bancos centrales.

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