
FIRMAS PRESS.- Cada 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro, ya que coincide con la fecha en que, en 1616, fallecieron Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el inca Garcilaso de la Vega, tres escritores que dejaron su impronta en la historia universal de la literatura.
En España se festejó con diversas actividades culturales, entre las que destaca una lectura continuada de El Quijote en el recinto del Círculo de Bellas Artes, en Madrid, que dura unas 48 horas. También es el día en que se le otorga el Premio Cervantes, el máximo galardón literario en castellano (equivalente al Nobel de Literatura), a un escritor español o hispanoamericano. Este año el premio recayó en el autor mexicano Gonzalo Celorio, quien destacó en su discurso de aceptación que “escribir novelas es una aventura de alto riesgo”.
No le falta razón a Celorio al catalogar la escritura de ficción como una actividad llena de escollos, empezando por la capacidad de crear y desarrollar una trama que seduzca a ese lector potencial para el que se escribe. Además del proceso creativo, una vez que el escritor logra que su obra se publique (algo que conlleva una mezcla de gestión incansable y el factor suerte) hay otro gran desafío en el horizonte, que es el de la promoción y encontrar un hueco visible en librerías atestadas de novedades.
En un panorama literario donde cada vez hay más saturación de obras publicadas a pesar de los malos augurios que anuncian el fin del libro impreso, se han dado a conocer unos datos que, cuando menos, pueden resultar desalentadores. Según el último Congreso de Librerías, la mitad de los libros publicados en España no vende ni un ejemplar al año. Esto sucede en un país donde se publican anualmente más de 90.000 libros (cifra que comprende folletos y otras publicaciones que no son necesariamente ficción) y a diario salen 27 nuevos títulos. Una serie de medios ha divulgado esta información y no se hizo esperar la alarma, así como los comentarios del gremio de editores, quienes sostienen que se trata de datos sacados de contexto y que la industria, lejos de agonizar, atraviesa un buen momento.
De cualquier modo, este debate pone de relieve la precariedad del oficio de escribir, cuya gloria está reservada a unos pocos que consiguen vivir holgadamente de su pluma. La mayoría de los escritores no tiran la toalla porque no quieren renunciar a su vocación y apuestan a que un día saldrán del anonimato.
La historia de la literatura está repleta de figuras que no llegaron a conocer la fama en vida, como Franz Kafka o Edgar Allan Poe. Escritores contemporáneos, como el estadounidense John Kennedy Toole o el sueco Stieg Larsson, murieron sin reconocimiento y sus obras, publicadas posmórtem, se convirtieron en auténticos bestsellers, el primero con La conjura de los necios y el segundo, con la saga Millenium.
Como contrapartida, se puede citar a autores que en vida gozaron de prestigio y hasta de fortuna por la cantidad de ejemplares vendidos. Gabriel García Márquez triunfó con la publicación de Cien años de soledad –aunque fue rechazada por diversos editores hasta que la publicó Editorial Sudamericana–, y la prolífica Isabel Allende tiene un éxito de ventas asegurado cada año desde que se estrenó en 1982, con La casa de los espíritus. Un buen agente literario también ayuda, pero, al final, el talento, rigor y disciplina del escritor son fundamentales para que se materialice la conjunción con el lector.
Aunque periódicamente se anuncia el fin del libro impreso por la irrupción del mundo digital, hasta ahora las librerías siguen resistiendo. No es menos cierto que el excedente de títulos publicados invita a preguntarse si hay suficiente demanda para tanta oferta.
Quizá, ahora la interrogante es si la inteligencia artificial (IA) acabará por sustituir la labor de creación del autor. Cada vez más personas subrayan lo conveniente –y tentador– que es valerse de la IA para que construya y elabore una ficción según los parámetros o estilo que el escritor tiene en mente. De acuerdo con la jerga literaria, hacer de la IA un “negro” no renumerado que saca adelante ese libro que hasta hace poco el autor debía sudar y sufrir de principio a fin.
Por lo pronto, hay escritores con la intención de querellarse, o al menos proteger su propiedad intelectual, contra las empresas que ofrecen estas socorridas herramientas. Por supuesto, ya hay guiones y libros cuyas autorías, si no en su totalidad, se comparten con la IA, lo que genera todo tipo de desafíos éticos y legales.
Parece que nos enfrentamos al ocaso del autor que se sienta ante el papel o la computadora, aparentemente desbancado por las destrezas de una IA cuya existencia se debe, paradójicamente, a las sobresalientes aptitudes de investigadores, científicos y matemáticos. En el Día Internacional del Libro también celebramos la insustituible imaginación de los hombres y mujeres de carne y hueso.
Red X: ginamontaner
Gina Montaner es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el ‘Nuevo Herald’ y en diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es ‘Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida’ (Planeta 2024).
