
El 23 de abril celebramos el Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor, razón por la que en las escuelas costarricenses se celebran actos cívicos, y ya se ha vuelto costumbre que estudiantes y profesores se disfracen de algún personaje literario. El furor por conmemorar esta fecha se convierte en una acción superficial y anodina si, durante el resto del año, en los centros educativos no se lee ni se fomenta la lectura y la escritura.
El Ministerio de Educación Pública (MEP) tiene grandes retos en múltiples áreas; entre ellas, se encuentra la de la difusión de la lectura literaria para cumplir con lo señalado en la Ley Fundamental de Educación N.º 2160, en su artículo 2.º, en los que se establecen, entre los fines fundamentales de la educación, la conservación y ampliación de la herencia cultural, impartiendo conocimientos sobre la historia del hombre, las grandes obras de la literatura y los conceptos filosóficos fundamentales.
Sin embargo, doña Laura Fernández Delgado, en su calidad de candidata a la Presidencia y hoy presidenta electa, no firmó el “Pacto Nacional por la Educación Pública de Costa Rica”, por medio del cual se hubiera comprometido a dotar, de manera progresiva, el 8% del PIB al sector educación. Ese monto hubiera facilitado atender necesidades urgentes, entre ellas el fortalecimiento y creación de nuevas bibliotecas escolares, principalmente en comunidades rurales y urbanas de extrema pobreza.

Es probable que durante el próximo gobierno se deba trabajar con bajos presupuestos, razón por la cual es necesario actuar con acierto y no permitir que, dentro de cuatro años, la niñez y la juventud consideren la lectura como un acto obsoleto y sin sentido.
Es necesario aumentar recursos, pues los niños necesitan material de lectura impreso, ya que se encuentran en una etapa en la que el material concreto, que se pueda asir, oler o rayar, resulta indispensable. Poco o nada se resuelve pidiéndoles que lean forzosamente textos en teléfonos celulares, tabletas electrónicas o computadoras.
Leer un libro literario es una ceremonia muy diferente a la labor efímera de consultar redes sociales o buscar datos urgentes en Internet. Leer literatura significa un hecho estético para divagar, imaginar, fantasear, decir, desdecir o formular infinitas interpretaciones; es válido abandonar un texto que no despierta interés o releer múltiples veces aquello que apasiona. En la infancia, leer un libro debería ser aventura y recreo.
Por eso, en las escuelas deben existir libros escritos, ilustrados, diseñados e impresos con altos niveles de calidad. Y no basta con dotar las escuelas de libros, pues resulta fundamental usarlos. Por tal razón es necesario que los docentes los lean y den el ejemplo de lectura delante de sus estudiantes.
Las futuras autoridades del MEP deberían procurar que se alivie la carga administrativa a los maestros y pedirles que lean, compartan impresiones de los textos leídos, que se conviertan en profesionales que habiten en un mundo letrado. Solo así se podría aspirar a esa escuela humanista donde leer sea sinónimo cotidiano de desafío y juego.
El país requiere maestros de educación preescolar y primaria, que, al menos una vez a la semana, dediquen un tiempo considerable para leer con sus estudiantes en voz alta, de manera silenciosa; que se retome la práctica de la poesía coral, la narración de cuentos y la recopilación de las tradiciones populares de la comunidad. También, que se preparen periódicamente obras de teatro.
Para tal efecto, el MEP, el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (Sinaes) y la ciudadanía en general deberían exigir a las universidades públicas y privadas que cursos claves, como el de “Literatura infantil”, sean atendidos por profesores con formación especializada, que tengan producción académica reciente en este campo y que continuamente se estén actualizando con la formulación y ejecución de proyectos de investigación y acción social.
La aspiración de una comunidad lectora no se logra con la organización de la fiesta de cada 23 de abril. Es un acto complejo y trascendente que debe ser tomado en serio en una sociedad democrática.
autorcarlosrubio@yahoo.com
Carlos Rubio Torres es profesor jubilado de la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Nacional (UNA).
