Columnistas

La educación es un derecho, no un privilegio

La sociedad debe saber distinguir entre gastar e invertir, y la educación es lo segundo

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en el artículo 26 el derecho a la educación para todas las personas y en nuestra Constitución se fija, en el artículo 78, un monto mínimo del 8 % del PIB destinado a la inversión de la educación.

¿Por qué? Como digo siempre, la educación es la clave para el cambio positivo con miras a un mundo mejor. Nos enriquece de la información que podemos adquirir y producir, para difundir conocimiento, para exponernos a diversas perspectivas y permitir, de este modo, la construcción de una mentalidad abierta, culta e informada.

No obstante, la educación está, a pesar de las leyes, gravemente amenazada. A principios de mes, mientras se negociaba el monto del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), el gobierno decidió rechazar el aumento del 1 % adicional, es decir, ¢5.500 millones que se acordó valorar en el 2022, con el pretexto del costo de vida (aunque claro, no dudan en decir que hay “buenas noticias económicas”, pero ese es otro tema).

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