
En las últimas semanas, he escuchado una frase que me dejó inquieta: “Si, para que el país avance, hay que aceptar otro tipo de gobierno que no sea democracia, se hace”. No es solo un comentario suelto. Un estudio de la Fundación Friedrich Ebert (FES) en 2024 reportó que un 40% de los jóvenes entrevistados aceptaría un régimen autoritario en Costa Rica. Y en 2022, un 40% de la población no votó. Dos “cuarentas” que señalan lo mismo: la democracia se está volviendo negociable.
Hoy escribo como científica, no como política. Me senté a revisar datos, contrastarlos con la historia y ver si la crítica de la oposición tiene fundamento. Esta columna recoge ese análisis, a cuatro días de que usted ejerza su derecho y deber al voto.
La pregunta objetiva es: ¿qué separa una propuesta de avance nacional de una amenaza a la democracia? La Carta Democrática Interamericana es clara sobre qué sostiene una democracia en un país:
- La libertad de informarse. Primero es sutil, llaman “enemigos” a los periodistas, “vendidos” a los que critican. Luego vienen multas, cierres y amenazas. En Venezuela, primero se descontinuaron concesiones con canales informativos (RCTV en 2007, radios en 2008) hasta llegar a controlar Internet y medios audiovisuales.
- Los jueces independientes. El paso más decisivo casi siempre es debilitar o capturar a quienes pueden frenar al Poder Ejecutivo. En Perú (1992), el golpe dictatorial incluyó disolver el Congreso e intervenir el Poder Judicial. En Nicaragua (2021), el gobierno destituyó a los jueces que no le convenían. Hoy, la gente no tiene a quién acudir cuando hay injusticias.
- La institución que arbitra las elecciones. La pérdida de poder de un organismo electoral se observa en un caso como el de Venezuela, donde, durante años, el oficialismo fue ocupando espacios clave en este organismo, hasta que en 2024 Maduro “ganó” elecciones al tener “árbitros” comprados.
- Control fiscal (Contraloría, Defensoría). Estas instituciones vigilan el gobierno y defienden al ciudadano de abusos. En Nicaragua, desde el 2018 se documentó cómo el gobierno sometió no solo al Poder Judicial y al Ministerio Público, sino también a cualquier otra institución pública que pudiera denunciar acciones del gobierno.
Así como lo ha documentado el proyecto Variedades de la Democracia (V-Dem), de la Universidad de Gotemburgo, hoy el patrón de dictaduras en América Latina no suele ser el golpe militar, sino líderes que llegan por elecciones. Hugo Chávez ganó democráticamente en 1998 y reformó la Constitución para concentrar el poder. La mayoría de quienes inicialmente votaron por él, expresan arrepentimiento en la actualidad.
Aquí no hay que adivinar intenciones. Hay que evaluar incentivos. Costa Rica ha vivido corrupción por dinero, y eso es grave. Pero es distinto cuando la meta es poder. El que roba plata suele esconderse; el que busca poder necesita controlar los contrapesos: jueces, Contraloría, prensa y Asamblea. Cuando lo logra, ya no importa si roba o no, porque ya nadie puede pararlo.
Costa Rica ha sido fuerte porque estos contrapesos han funcionado. Por eso, importa que, en plena ruta hacia el 1.° de febrero, se hayan vuelto públicos choques entre el Poder Ejecutivo y órganos como el TSE, cuya presidenta advirtió de que ataques a la credibilidad del arbitraje electoral pueden poner en riesgo la paz y la estabilidad política.
En ese contexto, merece atención que un candidato a diputado del oficialismo dijo estar de acuerdo con suspender garantías individuales por seguridad y con permitir la reelección presidencial continua/indefinida. Incluso si se plantea como respuesta a una emergencia, son medidas excepcionales porque cambian, en la práctica, los límites del poder del Estado sobre las libertades individuales.
Y aquí está el punto que muchas veces se pierde: la democracia es silenciosa, hasta que falta. Cuando se debilita, usted lo siente en lo concreto: una estafa puede no investigarse si toca a alguien cercano al poder; un permiso, una beca o un contrato pueden depender más de a quién conoce que de sus propios méritos y logros. Y cuando la prensa es tratada de “enemigo”, usted se entera tarde, cuando ya no hay quién lo defienda, ni a quién reclamarle.
Por eso, en estas elecciones, es de suma importancia salir a votar y exigir que su candidato o candidata cumpla los compromisos democráticos mínimos:
- Respeto al TSE como árbitro, sin ataques ni deslegitimación.
- No politizar el Poder Judicial, Sala Constitucional u órganos de control.
- Proteger la libertad de prensa, aunque incomode.
- No usar “emergencias” para concentrar poder sin controles.
El 1.° de febrero, no vote solo por lo que suena bien hoy. Porque lo que hoy parece seguro, mañana puede ser un privilegio perdido.
María José Durán es la primera costarricense que cursa un doctorado en Bioingeniería en el MIT.