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La Costa Rica que debemos aspirar para el 2046

Todas las aspiraciones se deben lograr en una atmosfera de paz social. Queremos un país donde vivan siempre el trabajo y la paz

Terminadas las celebraciones del bicentenario, con bandas, obra teatral, drones y fuegos artificiales incluidos, nos toca ahora pensar en la Costa Rica que queremos de cara a los próximos 200 años. Bueno, digamos que para los próximos cincuenta años.

Desde el punto de vista económico, me parece que debemos aspirar a que el crecimiento promedio de la economía sea de al menos un 5% anual, que ese incremento genere más y mejores empleos, de manera tal, que el desempleo no sea de más del 5%, y que los ingresos de las familias aumenten lo suficiente para lograr un nivel de pobreza inferior al 5%. La inflación, además, nunca debería superar el 5% anual.

Es decir, en términos económicos debemos aspirar a esos cuatro cincos.

Al mismo tiempo, debemos soñar con que esos logros sean estables —sin sobresaltos—, y sostenibles. Para ello, la aspiración debería ser mantener unas finanzas públicas balanceadas (superávit primario), una deuda pública baja (menos del 40% del PIB), un crecimiento económico que sea armonioso con el ambiente (que los efectos nocivos de la intervención humana sobre la tierra sean compensados por efectos positivas), y un sistema de salud que nos permita tener calidad de vida y longevidad (sin pandemias, ojalá).

Dado los acelerados cambios tecnológicos, debemos crear y mantener, las condiciones necesarias para sacarle el máximo provecho a las nuevas tecnologías. Las redes de telecomunicaciones deben estar al alcance de toda la población a una buena velocidad. Es fundamental, además, tener una educación de altísima calidad, que permita que los jóvenes, y viejos también, utilicen las tecnologías a su máximo potencial.

Todas esas aspiraciones se deben lograr en una atmosfera de paz social. En ese sentido, debemos anhelar tener una sociedad donde todos y cada uno de los ciudadanos sientan que, en realidad, pueden tener acceso a una mejor calidad de vida si se esfuerzan, y que eso no es un privilegio de unos cuantos, nada más. Donde la libertad sea un aspecto fundamental de nuestras vidas, sin que nuestra voluntad este sometida a los designios de otros. Donde se respete la propiedad privada, y que podamos vivir tranquilos, sin miedo a ser asaltados o atacados. Donde la posibilidad de elegir democráticamente nuestros gobernantes se mantenga constante.

Queremos un país donde vivan siempre el trabajo y la paz.

lmesalles@ecoanalisis.org

El autor es economista.