Columnistas

Guía mínima para los debates presidenciales

El exvicepresidente estadounidense Walter Mondale dijo una vez que los debates nos conducen a esa pregunta ‘primigenia y misteriosa’ sobre ‘quién es presidenciable, quién tiene la estatura’.

En la escala continua que va desde los foros (encuentros comparativos) hasta los debates (confrontación), me atrevo a señalar tres formatos definitorios para comparar candidatos en vivo: la exploración y posicionamiento temático, usual cuando los organizadores son cámaras, asociaciones o gremios; la exposición general de posiciones, como los organizados por el TSE; y el pugilato reglado, preferido por los medios audiovisuales.

Ninguno es desdeñable. En democracia, toda comparación de propuestas y desempeño cuenta. Sin embargo, los terceros generan el mayor interés, por su teatralidad y conflictividad, y la expectativa de que nos permitan desentrañar personalidades, actitudes y motivaciones. ¿Será, realmente, posible? Como cada cuatrienio, pronto lo pondremos a prueba, porque esa modalidad prevalecerá en lo que resta de la campaña.

La regla de oro que seguirán los organizadores será reducir el número de participantes: solo los pocos que consideren elegibles o más “taquilleros”. De otra manera se diluirá la confrontación. ¿Discriminación? No necesariamente, siempre que los criterios sean objetivos, como su posición en las encuestas, aunque, con tanta indecisión y volatilidad electoral, estas disten de ser guías infalibles.

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