Columnistas

Entre líneas: Admisión al Tec

La supuesta sensibilidad social detrás de medidas como la adoptada por el Tec casi nunca pasa de ser prejuicio

Armando González, mascarilla
Armando González, mascarilla

El Estado invierte en colegios científicos para ofrecer excelencia a alumnos con vocación y talento. Entre las confirmaciones del éxito está la plena admisión de los graduados a las aulas del Instituto Tecnológico de Costa Rica, pero, este año, la institución decidió frustrar a la mayor parte de los interesados.

El Tec solo admitió a 45 de los 176 solicitantes graduados de colegios científicos, no obstante los méritos de su formación y el esfuerzo personal invertido en superar, con muy buenas notas, las altas exigencias del currículo ofrecido en esos liceos. La exclusión obedece al deseo de admitir más estudiantes de regiones alejadas de los grandes centros urbanos.

La educación es un importante factor de movilidad social, pero tanto derecho tiene de aprovecharla el graduado de un colegio científico de la capital como el de la más remota institución de enseñanza secundaria. El primero, sin duda, goza de una ventaja para superar criterios de admisión objetivos, pero más debe preocuparnos la desventaja del segundo, para remediarla, no para suprimirla artificialmente.

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