Jorge Vargas Cullell. 22 agosto

A propósito de la marcha xenofóba del sábado pasado, convocada para atacar a nicaragüenses, quisiera adaptar a esta situación el cuento más breve que se haya escrito jamás, obra del escritor guatemalteco Augusto Monterroso. Mi versión diría: “Cuando despertó, la xenofobia todavía estaba allí”. La historia original era sobre un dinosaurio, un monstruo feroz capaz de devorar a quien lo ve, así como la xenofobia devora la convivencia pacífica y tolerante.

La pregunta acuciante es quién y por qué impulsa la politización de la xenofobia

¿Qué es lo nuevo aquí, si ese dinosaurio siempre estuvo allí? Las frases despectivas, los insultos y chistes sobre nicas (negros, mujeres) son tan viejos como la maña de pedir fiado. Agregaría, en un tono más de antropología filosófica, que los seres humanos siempre han digerido mal la diferencia frente a lo que consideran normal. Por ahí, entonces, ninguna novedad en el frente.

Lo nuevo no es la xenofobia, sino su politización. Por primera vez en nuestra historia reciente, la fobia a los nicaragüenses pasó de actitudes sociales que originaban comportamientos por aquí y por allá, a ser articulada como movimiento político orientado a conseguir apoyo popular a favor de la discriminación.

Esta politización se implementó mediante una estrategia claramente discernible. Primero se creó un clima de miedo y odio con una seguidilla de noticias falsas y alarmistas. Luego se pasó a la acción mediante la convocatoria de la marcha, una provocación que obviamente terminaría en rifirrafes y detenidos.

El tercer paso fue acusar a las autoridades de venderse a los nicas y de reprimir al verdadero pueblo. No hay que ser adivino para saber que este ciclo se repetirá las veces que sea necesario.

La pregunta acuciante es quién y por qué impulsa la politización de la xenofobia. He oído muchas bolas, pero poca evidencia. Se dice que Daniel Ortega maneja los hilos con el fin de crear un incidente en Costa Rica que le permita relegitimar su régimen ante los nicaragüenses. Algo de esto puede haber, pero la teoría no me convence: tiene que haber un actor nacional encargado de las operaciones. No hemos dado con la tecla.

Los principales partidos han condenado el brote xenófobo, menos Restauración Nacional. Difícil de justificar eso en un partido de bases cristianas. Hizo bien el gobierno en salir rápido a parar este brote. Sin embargo, hay que estar vigilantes, pues las semillas del mal han sido sembradas.