Se despidió Ottón Solís de la vida política. ¿Por qué? Yo cultivo mi propia versión: le dieron una estocada. Cuando esperábamos verlo ungido como rutilante ministro de Hacienda, para lo cual le sobraban credenciales y carácter, lo sitiaron en una insulsa y anodina institución internacional donde no pudiera hacer ni bien ni mal. Fue un destierro de lujo para salir de él. No lo merecía.
Yo conocí bien su trayectoria. Discrepamos y concordamos sobre muchos temas y, sin embargo, mantuvimos una cordial y respetuosa relación. Siempre admiré su valor, entereza y apego a los principios (incluida su testarudez), hombre de una sola pieza. Cuando dijo que jamás volvería a ser candidato, tras el ajustado desenlace contra Óscar Arias, yo le creí, como ahora, cuando afirma no querer participar en la campaña del 2022 y guardar silencio en el gobierno de Alvarado.
Ya veía venir el desenlace. Cuando la campaña del PAC no levantaba en primera ronda por el affaire del cemento, Ottón corrió al lado de Alvarado para rociarlo de su ética y probidad; en la segunda, le dio la credibilidad fiscal que le faltaba. El PAC ganó con holgura y Ottón siguió ayudando a forjar un gobierno nacional, pero hizo la salvedad de que el PAC debía retener los puestos clave: Hacienda, Presidencia y el Central. Alvarado, empero, lo ignoró y le entregó la macroeconomía al PUSC.
Nombró a Edna Camacho coordinadora del Consejo Económico, cuyo pensamiento brota de la Academia de Centroamérica, dirigida por Eduardo Lizano, adversario histórico de Ottón en filosofía económica; a Rocío Aguilar en Hacienda, buena tecnócrata, pero de derecha; y a Rodrigo Cubero en el BCCR, más neoliberal y fondomonetarista que yo. Y, para verificar que nadie se saliera de la línea, puso a Rodolfo Piza, de ideología afín a la de Otto Guevara, Eli Feinzaig y la mía, en la Presidencia. Pero el enjambre no estaba aún bien armado. Para evitar conflictos potenciales, fletó a Epsy a la Cancillería y a Ottón al BCIE, ambos excluidos del Consejo Económico.
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Alguien del PAC, cuyo nombre me reservo, reveló que al gabinete lo describe muy bien una quejumbrosa canción de Javier Solís: Entrega total. ¿La recuerdan? “Quiero entregarme a ti en una forma total, sea por bien o sea por mal”. Ottón quedó muy dolorido por la entrega y se impuso un zíper en los labios. Con su mutismo, Costa Rica pierde un gran político.
¡So long, Ottón! Quienes hemos sido sus más leales adversarios, lo vamos a extrañar.
jorge.guardiaquiros@yahoo.com