El gobierno tiene por delante desarrollar un nuevo modelo energético y en ese campo existen grandes retos por delante que deben afrontarse a corto plazo. No son válidas las improvisaciones.
Costa Rica debe reestructurar Recope, evaluar el Consejo de Transporte Publico (CTP), valorar la labor del ICE y trabajar en el ordenamiento territorial.
La empresa privada genera el 85 % del empleo y necesita señales claras sobre qué se quiere hacer con las instituciones clave para el desarrollo. Los costos de logística son inmanejables. Las tarifas de la energía, los impuestos, las cargas sociales, los combustibles y el crecimiento geométrico del gasto público nos asfixia.
No cabe duda de que debe hallarse el cómo mejorar la matriz energética y, en especial, el uso racional del petróleo y sus derivados, que son, al final, el generador del 60 % de los gases de efecto invernadero por el uso en el transporte privado y público.
El gobierno le ha asignado un papel preponderante a Recope en este cambio. Terrible error, si analizamos el desarrollo y estructura de esa institución.
Combustibles. El hidrógeno como sustituto no es una solución viable financieramente. El gas de esquisto, por sus grandes avances tecnológicos, bajos costos de exploración y explotación, ha revolucionado el mercado. Para producir biodiésel, miles de hectáreas de bosques han sido arrasadas para sembrar palma africana, a altos costos ambientales.
El uso de la energía eléctrica tiene un gran futuro por los avances tecnológicos y la alta reducción en los costos de almacenamiento. No obstante, los equipos son todavía muy caros y tomará varios años competir con los combustibles fósiles, cuyos precios bajan debido a la gran producción de Estados Unidos. Por ello, debe ser objeto de profundo análisis la abultada planilla y los privilegios del ICE y sus filiales porque afecta nuestra competitividad. Mientras no se haga una reingeniería, el ICE no podrá ser agente de cambio en el siglo XXI.
Hablar de eliminar la dependencia de los hidrocarburos parece una meta inalcanzable a corto plazo por la estructura de nuestra flotilla automotriz y la tendencia a la baja de los precios del petróleo.
Ineficiencia. Recope no ha mostrado ser una empresa modelo en competitividad. Se desconoce en qué se gastaron los $50 millones aportados para la refinería china. La institución tiene un presupuesto de ¢53.000 millones en salarios, que equivalen, aproximadamente, a ¢2,5 millones mensuales por empleado.
¿Cuál debe ser la planilla óptima para operar esta empresa y hacerla competitiva? ¿Como es posible que una institución maneje esos salarios promedio? ¿Podemos hablar de reestructuración de Recope para que maneje la investigación e innovación manteniendo la estructura administrativa actual y estando secuestrada por el sindicato (Sitrapequia)? Sindicato que actuó irresponsablemente en la última huelga al bloquear el suministro de gas y combustibles.
¿Es capaz de asumir la titánica tarea de llevar al país a la carbono-neutralidad una institución que paga sobreprecios por los combustibles por falta de un muelle petrolero que debería estar terminado hace dos años y una mala planificación de inventarios?
Fijemos claramente cuál debe ser el campo de acción de Recope y obliguemos a la administración a trazar un plan operativo para hacer una institución competitiva. La realidad es que Recope no logrará mejorar si mantiene la actual estructura y gobierno corporativo.
Desarrollo urbano. Para reducir la huella de carbono, debemos hacer cambios en el desarrollo urbano, lo cual requiere fortalecer la capacidad resolutiva de Setena, de las municipalidades, del INVU y de otras instituciones como el AyA y el MOPT.
La falta de planificación territorial interinstitucional y la falta de inversión en infraestructura nos está pasando la factura. La contaminación producida por más de 1,5 millones de vehículos particulares, 4.976 autobuses y centenares de camiones supera los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El costo de la congestión vial en la GAM representa un 3,8 % del PIB. Costa Rica es uno de los países con más vehículos por cada mil habitantes de Latinoamérica.
Horarios restringidos, presas interminables, problemas de seguridad y más de dos horas para llegar a sus destinos, afecta al 50 % de los trabajadores que se trasladan de un cantón a otro. Más de 1,8 millones de costarricenses usan diariamente el transporte público y más de 300.000 lo hacen en vehículos particulares. De aquí la importancia de resolverlo mediante la sectorización de buses y el tren eléctrico de pasajeros.
Transporte público. El CTP está secuestrado por el gremio autobusero. Según el Estado de la Nación, la sectorización significaría ahorros de $3.000 al año y las emisiones de carbono bajarían en 506 millones de toneladas. La solución al problema vial es multimodal, esa es la realidad.
El CTP fue creado para asegurar un sistema de transporte terrestre público de calidad en sus distintas modalidades.
En el 2021, el gobierno tendrá la oportunidad de negociar rutas, uso del pago electrónico, empleo de energías limpias, control de calidad del servicio y, en general, las necesidades a corto y largo plazo que deben ser atendidas por los autobuseros. Sería un grave error desaprovechar ese momento.
Si el gobierno actúa, podrá obligar a los concesionarios a incorporar nuevos modelos laborales, atender el crecimiento vertical de las ciudades, analizar los cambios en la estructura de la población y crear una red intermodal integral para los peatones, el tren, los ciclistas, los autos, los taxis y los buses. Hay que coordinar con el Ministerio de Trasportes y las municipalidades la construcción de infraestructura y el mobiliario urbano. El Estado está obligado a acabar con el caos y poner orden.
Solo si se recobra la confianza, aumentarán el consumo y las inversiones. Debemos ser más eficientes en el campo energético. No parece lógico que el ICE solicite un aumento de un 24 % en las ya altas tarifas eléctricas. Tenemos que hacer grandes transformaciones en el sector energético, planificación urbana, transporte público e infraestructura, si queremos salir adelante.
El autor es ingeniero.