Columnistas

El porqué

Aceptar esta realidad es duro, es muy triste y requiere un proceso racional que derrote sentimientos y nostalgias

El PAC sufrió una estrepitosa derrota. Es de tal magnitud que obtendremos menos votos en las elecciones nacionales que los alcanzados en la convención interna (15.400). El mensaje de los electores es que no quieren que el PAC tenga presencia en los debates ni en los diálogos políticos democráticos, pues nos quedamos sin representación legislativa.

En una democracia que estructura el poder por medio de partidos, sin el poder formal puede haber testimonio, pero no alegarse representación.

Aceptar esta realidad es duro, es muy triste y requiere un proceso racional que derrote sentimientos y nostalgias. Requiere formación en democracia y, sobre todo, humildad. En cualquier caso, comprender y dimensionar lo ocurrido es una condición necesaria, si se desea reconstruir, relanzar y encontrarnos otra vez con el electorado.

Intento en lo que sigue identificar razones, diferenciando entre aquellas inherentes a la naturaleza del PAC (inevitables), las que pudieron haberse evitado (errores) y las coyunturales.

Existen convicciones intrínsecas (inseparables) al PAC, y por las cuales se ha luchado sin cálculo político, a pesar de atentar contra las posibilidades electorales:

1. Ética: la lucha por elevar los estándares éticos de la política y la administración pública, si se lleva a cabo sin cálculos y sin disimulos, genera interés en una buena parte de la población, pero también una formidable batería de enemigos.

Muchas de esas personas no tienen límites en el tipo de herramientas que están dispuestas a utilizar para vengarse; dentro de ellas, la mentira es la más usual, y ha sido empleada abrumadoramente contra el PAC.

2. Eficiencia del Estado: el PAC cree profundamente en el papel del Estado en el desarrollo, pero desde su fundación ha luchado por un Estado eficiente. No se identifica con los facilismos y simplismos de quienes quieren privatizarlo ni de quienes quieren mantener el statu quo. Aumentar la eficiencia es poner las barbas en remojo de una parte de los empleados públicos, lo que ahuyenta a la izquierda; por otro lado, mantenerlo abierto ahuyenta a la derecha.

3. Orden fiscal: el PAC, también desde su fundación, cree que el punto de partida responsable para quienes creemos en el papel del Estado es la disciplina fiscal. Esto obliga a tomar medidas por el lado del gasto y por el lado de los impuestos, lo cual se constituye en el paquete perfecto para que los políticos populistas de izquierda y derecha nos ataquen. Ello, aunque no tengan propuestas alternativas para corregir el problema.

4. Anticlientelismo: el PAC no ha podido construir una base partidaria dentro de los sectores más empobrecidos de la sociedad, por nuestra férrea oposición al clientelismo, ya sean nombramientos, bonos de la vivienda, becas, caminos, alcantarillas, etc. Por esta sana cultura partidaria, nos enfrentamos a la vieja política, la cual ha construido lealtades y estructuras a partir de un clientelismo llevado al extremo. A esa práctica se ha unido con celeridad el populismo evangélico.

5. Derechos humanos: nuestras posturas de avanzada en materia de derechos humanos, primero, desde nuestra fundación, haciendo una revolución en materia de acceso a cargos de elección de las mujeres y, luego, garantizando los derechos de gais y lesbianas y de todos los grupos discriminados, es aceptada por una parte de la población, pero para otra nos convierte en “ateos y herejes”. Un sector de los votantes se ha creído esas infundadas acusaciones.

6. Visión transformacional a largo plazo: ante un pueblo con necesidades, el terreno del populismo y el cortoplacismo es fértil. Algunas de nuestras propuestas —verbigracia el tren urbano eléctrico— tienen un enorme impacto en la estructura del transporte, en el ordenamiento urbano, en la calidad de vida, en la competitividad de la economía, en el combate al calentamiento global y en la reputación del país, pero todo a mediano y largo plazo.

Dentro de las razones evitables, o sea, derivadas de errores del PAC, resalto las siguientes:

1. Ausencia de aclaraciones sobre la estafa: los tribunales, después de varios años de una exhaustiva investigación y de apelaciones, identificó a la persona responsable de la estafa y la condenó. Mientras que desde fuera se insistió en atribuírsele a todo el PAC, sus autoridades nunca explicaron que al partido se le multó por haber escogido mal al jerarca condenado (culpa in eligendo) y por no haberlo supervisado adecuadamente (culpa in vigilando).

Nunca se aclaró que fiscales y tribunales, por más que hurgaron, no encontraron culpables a otras personas dentro del Comité Ejecutivo y la Comisión Política, y menos dentro de las dirigencias locales. La estafa no fue el resultado de una cultura generalizable a la cúpula o a las dirigencias locales y menos urbi et orbi al PAC, pero las autoridades del partido nunca explicaron esto.

2. El candidato: don Welmer es una persona capaz, experimentada y éticamente intachable, pero por sus posiciones —por lo demás respetables— el PAC perdió el voto progresista. Primero, no pudo utilizar con fuerza en campaña las enormes virtudes de la administración Alvarado, porque estuvo siempre en desacuerdo con lo esencial.

Rechazó la estrategia política dirigida a crear gobernabilidad en la Asamblea Legislativa, nombrando jerarcas de partidos de oposición en altos cargos, y nunca se matriculó con la estrategia fiscal del gobierno, incluyendo las medidas dirigidas a mitigar los excesos y los abusos en algunas áreas del empleo público.

Aunque al final de la campaña moderó sus diferencias, se quedó sin uno de los principales argumentos para pedir el voto. En los sectores progresistas siguió resonando su afirmación de que el gobierno Alvarado era neoliberal, en lugar de reconocer que se logró salir de una grave crisis fiscal sin desmantelar el Estado social de derecho.

Por otra parte, don Welmer tampoco pudo mantener dentro del PAC a los sectores de avanzada en materia de derechos humanos que siempre nos apoyaron, porque en realidad este nunca ha sido su fuerte.

Dentro de las razones coyunturales, sobresalen:

1. La pandemia: afectó prácticamente a todo el planeta y gracias a las acciones del gobierno Alvarado sus impactos sociales fueron menores que en otros países, se evitó una crisis fiscal y la reactivación económica ha sido más que satisfactoria. Sin embargo, una parte de los votantes fue convencida de que el PAC era el culpable del desempleo, el empobrecimiento, la quiebra de empresas y las restricciones derivadas de la necesidad del distanciamiento social.

2. Corrupción: en el caso del Conavi, no hay duda de que faltó malicia, supervisión y reacción oportuna ante las señales, pero pareciera que se origina en mandos medios, todos en funciones desde hace varios gobiernos. Lo de las municipalidades en ningún caso involucra a alcaldes del PAC, pero los hechos se descubrieron durante esta administración y muchos votantes han concluido que se trata de corrupción del PAC.

3. La situación fiscal: la crisis fiscal y de deuda pública tienen su origen en el gobierno liberacionista 2006-2010. Ciertamente, el primer gobierno del PAC, aunque falló al no enfrentar el problema, no lo causó. Este gobierno pone en el tapete la gravedad de la situación y parte de los votantes se convencieron de que lo había causado.

4. Gobierno consecutivo: es difícil que el país esté listo para elegir tres veces consecutivas a un mismo partido, aunque transite por zona de confort, pero aún más difícil cuando se trata de un partido como el PAC, cuya vocación es transformadora.

No hay duda de la debacle electoral. Sin embargo, estoy convencido profundamente de que el pensamiento del PAC sobre los asuntos medulares es el correcto para el progreso de Costa Rica.

Por ello, espero que sigan con vida en el país, entre otros, su visión sobre la política fundada en la mística y la vocación de servicio al país, su actitud frente a la ética en las instituciones del Estado, sus ideas sobre el desarrollo inclusivo, sus propuestas para materializar un Estado eficiente y productivo, su promoción de la empresa privada de todos los tamaños como la principal herramienta de creación de riqueza, nuestra convicción de que la política social debe fundarse en la socialización del acceso a herramientas de movilidad social, sus prioridades en materia de derechos humanos y ambiente.

Que la sabiduría acompañe a los costarricenses en la segunda ronda y que el próximo gobierno encare los enormes desafíos que tiene el país, cuando menos, con una pequeña cuota del coraje con que el presidente Alvarado los enfrentó.

ottonsolis@ice.co.cr

El autor es fundador del PAC.

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