Roberto Sasso. 17 diciembre, 2017

La portada de la revista The New Yorker del pasado 23 de octubre mostraba robots caminando por la ciudad mientras uno de ellos le daba una limosna a un ser humano sentado en la acera. El proceso de automatización del trabajo es innegable e inevitable, muchas ocupaciones ya han sido automatizadas y en el futuro cercano las cifras crecerán mucho más. Si en el futuro todo el trabajo lo hacen las máquinas, ¿qué haremos los humanos?

Si dejamos de trabajar, no vamos a tener con qué comprar los productos hechos por las máquinas. Esa conclusión tan obvia ha llevado a proponer un ingreso básico universal (UBI, por sus siglas en inglés). Es llevar la idea de Thatcher de “pagarles para que no trabajen” al extremo.

Aunque en términos económicos el plan tiene sentido (ya se están llevando a cabo varios experimentos en diferentes lugares), todos hemos oído los estragos que la falta de ocupación puede ocasionar en el ser humano. El trabajo, además de ingresos, provee actividad.

Si supiéramos cuáles oficios o labores serán automatizados y cuándo, no habría tantos autores tratando de discernir el futuro del trabajo (Google arroja más de 92 millones de respuestas en español y más de 500 millones en inglés).

Todos parecen concordar con que los manuales y repetitivos serán los primeros en desaparecer, o más bien, están desapareciendo: zapatos deportivos que se confeccionaban en Malasia ahora se imprimen en impresoras 3D, las enormes tiendas de Walmart se limpian de noche con limpiadoras autónomas, y la lista continúa.

Troles. Los trabajos intelectuales repetitivos también están amenazados. Un buen ejemplo son los troles. Troles son sujetos que solo existen en las redes sociales con perfiles falsos y llevan a cabo tareas muy específicas tendientes a enaltecer una marca o una causa, o todo lo contrario, a desprestigiar y enlodar.

En procesos de elecciones democráticas, antes contrataban troles humanos (ciertamente una labor muy nueva) que trabajaban las redes sociales endiosando un candidato y desprestigiando a los oponentes. Ahora despliegan cientos de miles de troles, controlados por inteligencia artificial que se hacen amigos de los votantes (porque conocen todo lo que la gente postea con total desprecio por la privacidad) e intentan hacerlos cambiar de opinión, y si no lo logran, los convencen de no votar del todo.

Cuando los usuarios de las redes sociales interactúan con otro usuario a quien no conocen en persona, no saben si el perfil es verdadero o falso (el número de perfiles falsos es imposible de determinar) y tampoco si es una persona o un pedazo de software (inteligencia artificial).

Así las cosas, para mí es bastante obvio que el futuro del trabajo será muy cambiante. Me gusta preguntarme si en el futuro habrá un empleo que sea “inventor de trabajos”, pero es más para entretenerme que por otra cosa.

Lo que de veras espero que sea cierto es que habrá mucha, pero mucha menos gente que odie su trabajo. Siempre he dicho que es denigrante pedirle a un ser humano que haga una labor que una máquina puede hacer, pero debo admitir que nunca he pensado que una máquina pueda hacer cosas innovadoras, creativas o empáticas.

Tema olvidado. A pesar de todo lo anterior, en ningún lado he leído textos de políticos tratando el tema del futuro del trabajo. En todo el planeta hay políticos ofreciendo más y mejores trabajos, pero no he visto ninguno decir cómo van a lidiar con el futuro inmediato de la automatización masiva.

No faltará el idiota que proponga pelear contra el futuro, por ejemplo, prohibiendo los vehículos autónomos para proteger el trabajo de los choferes, sin importar las miles de personas que dejarán de morir en accidentes de tránsito cuando los seres humanos dejen de conducir.

Las tecnologías que automatizan trabajos, como la robótica y la inteligencia artificial, aumentan enormemente la productividad de las empresas e instituciones que las utilizan.

Los países que adopten estas tecnologías primero disfrutarán de aumentos significativos del PIB, sumamente rápido. Esto sugiere que no solo no deben atrasar la adopción de la tecnología, sino que la deben acelerar. Pero no se puede acelerar la adopción tecnológica sin considerar los efectos del desempleo tecnológico.

Bill Gates propuso gravar los robots y la inteligencia artificial con impuestos para financiar el UBI. La verdad no sé si esa idea es buena o no, pero se me hace que sería un enredo, sobre todo, en manos de la Asamblea Legislativa. Ojalá esté equivocado. Pero en todo caso, darles plata a los desempleados no les da ocupación. Una buena descripción de lo terrible que puede ser la falta de ocupación es el recién pensionado que está muy decepcionado de su nuevo estatus porque a medianoche, cuando le da insomnio, no tiene nada en qué pensar.

Enfrentando el problema. Debe haber muchas maneras de enfrentar el problema, por ejemplo, utilizar inteligencia artificial para reentrenar personal desplazado: ¿Será posible en seis meses convertir un chofer en guía turístico o convertir un trol en programador de inteligencia artificial?, ¿podremos entrenar una inteligencia artificial para dotar de nuevas capacidades a personal desplazado? Por suerte ya tenemos una institución, debidamente financiada, para enfrentar semejante reto.

También es posible que existan otras 28 maneras más eficientes de enfrentar el problema del desempleo tecnológico. No dudo que haya muchos más inteligentes que puedan tener muchas más ideas. Tampoco dudo que puede ser en la implementación de cualquier idea el lugar donde la yegua bote a Jenaro.

Es probable que a los pocos años de reentrenar al personal desplazado de una ocupación a otra, la nueva ocupación sea también desplazada, y, por lo tanto, será necesario reentrenar al personal recién reentrenado. Esta será una tarea de nunca acabar.

Tal vez los reentrenadores sean compañeros de los inventores de nuevos trabajos. O tal vez, en el futuro, el trabajo consista en no trabajar, nos dedicaremos a descansar y elucubrar, o viceversa.

De lo que sí estoy seguro, es de que el futuro del trabajo no se resolverá solo.

El autor es ingeniero, presidente del Club de Investigación Tecnológica y organizador del TEDxPuraVida.