2 abril, 2018

Temprano en la mañana de ayer, el presidente electo, Carlos Alvarado, reiteró su llamado a los partidos con representación legislativa para conformar un gobierno de unidad sobre la base de una agenda de trabajo concreta. El “gobierno del bicentenario” implica la participación de esas agrupaciones en el Poder Ejecutivo, afirma el comunicado. Las reuniones necesarias se celebrarán esta misma semana.

La víspera, el discurso del candidato de Restauración Nacional llamó a hacer a un lado las rencillas. Fabricio Alvarado relató a sus seguidores su conversación con el presidente electo, a quien ofreció apoyo para vencer el estancamiento y sacar adelante los temas urgentes de la agenda nacional.

La sinceridad del presidente electo será juzgada a partir de sus actuaciones, pero también la de otros partidos e individuos

Ninguno de los expresidentes entrevistados en el curso de la jornada electoral dejó de hacer, también, su llamado a la unidad del país. En aquellos momentos, antes del cierre de las urnas, la petición la dirigían a quien resultase electo. Pocas horas más tarde, en su discurso final, Carlos Alvarado reconoció como un deber primordial la unión de la República.

“El pueblo costarricense me ha encomendado la responsabilidad de asumir la presidencia. Lo ha hecho con el mandato claro de conformar, en el bicentenario de nuestra independencia, un gobierno de unidad nacional que convoque a las diferentes fuerzas políticas en torno a una agenda común por el desarrollo y bienestar del país”, dice el mandatario en la carta enviada a las demás fuerzas políticas.

La sinceridad del presidente electo será juzgada a partir de sus actuaciones, pero también la de otros partidos e individuos. El país debe estar atento al cumplimiento por parte de todos. La gravedad de los problemas nacionales no admite la oposición por la oposición misma. Los desacuerdos, incluso los más agudos, son parte esencial de la vida democrática, pero deben fundarse en posiciones de principio, no en el deseo de anotar puntos en una perpetua y malsana justa política.

Refiriéndose al Partido Liberación Nacional (PLN), Carlos Alvarado lo reconoció como un actor fundamental en la construcción del “gobierno del bicentenario”. Acto seguido, confesó plena conciencia de las múltiples diferencias habidas en el pasado. Las habrá también en el futuro, pero el PLN, así como los demás actores políticos, tiene la oportunidad de hacer una contribución importante, sin renunciar al ejercicio del control político.

La tarea encomendada, dice el presidente, “es trabajar sobre la base de lo que nos une”. Un repaso a la agenda nacional y a los problemas más urgentes revela un elevado número de puntos de acuerdo. Algunos afloran a partir de la práctica política reciente; otros, los impone una realidad impermeable a las preferencias ideológicas y los deseos de cada cual. La deuda no puede seguir creciendo, el déficit es inmanejable y hace falta dinero para pagar los compromisos del Estado.

Un área de acuerdo donde la reforma tendría trascendentales repercusiones es el Reglamento legislativo. Casi todos los partidos políticos con representación en el próximo Congreso, especialmente los más grandes, han manifestado el deseo de enmendar uno de los escollos más formidables para la toma de decisiones. El Reglamento ha sido denunciado como piedra angular de la disfunción de la Asamblea Legislativa. Las quejas se vienen reiterando desde hace décadas. Si el espíritu de unidad nacional nacido de las elecciones se concreta en una reforma a esa normativa, confirmaremos el tránsito en la dirección correcta.