Juan Carlos Hidalgo. 7 abril
Varios hombres en agosto del 2018 afanados en la zafra, recolección de caña de azúcar, a la orilla de la carretera en una finca llegando a Turrialba. Foto: Rafael Pacheco
Varios hombres en agosto del 2018 afanados en la zafra, recolección de caña de azúcar, a la orilla de la carretera en una finca llegando a Turrialba. Foto: Rafael Pacheco

A pesar de las negativas de Recope, la introducción del etanol resultará en un incremento en el costo de vida.

No solo la “inversión” anunciada por $21 millones terminará siendo trasladada a las tarifas, sino que, además, los dueños de vehículos y estaciones de servicio deberán acondicionar sus equipos para lidiar con la mezcla del etanol. La pregunta sigue en el aire: ¿Cuál es el beneficio de todo esto?

El gobierno quiere hacernos creer que es la protección del ambiente y por eso lo incluyó en su Plan Nacional de Descarbonización. “La adición del etanol en las gasolinas conlleva una reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero”, señala Recope. Se trata del timo del año. Los efectos de los biocombustibles han sido ampliamente estudiados y la evidencia apunta a que tienen un impacto negativo sobre el ambiente.

El principal inconveniente del etanol es su origen. Sembrar maíz o caña de azúcar para producirlo implica el desplazamiento de tierras para la cosecha de alimentos, lo cual a su vez significa más terrenos destinados a la agricultura, cambios de suelos y limpia de bosques.

En un artículo publicado en Science, David Tilman, de la Universidad de Minnesota, afirmó que convertir pastizales en cultivos de maíz en EE. UU. resultaba en un exceso de emisiones de 134 toneladas métricas de CO2 por hectárea. Peor aún, los efectos son globales: otro estudio demostró que la demanda de maíz para etanol redujo los incentivos para sembrar soya en EE. UU. Esto fue compensado con un aumento en las plantaciones de soya en Brasil, para lo cual se abrió selva amazónica, dejando una enorme huella de carbón.

El etanol puede tener efectos perniciosos en la contaminación del aire. Mark Jacobson, de la Stanford University, encontró que la combustión genera concentraciones de esmog que pueden ser nocivas para la salud.

Un estudio en Nature Geoscience documentó que el uso de etanol aumentó los niveles de contaminación de ozono en São Paulo. Las investigaciones tienen sus bemoles y hacen la salvedad de que los resultados pueden variar según la metrópoli. Pero revelan que el etanol no es un combustible limpio.

No comamos cuento. La protección del ambiente es una mampara para avanzar un proyecto que esconde intereses mercantilistas fácilmente identificables.

jhidalgo@cato.org

El autor es analista de políticas públicas.