Juan Carlos Hidalgo. 5 agosto

Debemos tener claro que no hay soluciones fáciles ni expeditas a la precaria situación económica. Son múltiples las causas del malestar y en muchos casos se trata de problemas estructurales arrastrados durante décadas. No hay quite: debemos poner sobre la mesa todos los factores que atentan contra la reactivación de la economía.

El tipo de cambio ha entrado en el radar como uno de los factores problemáticos. Es un debate recurrente: ¿Está sobrevalorado el colón? ¿Debería permitirse una pequeña devaluación para estimular a (un sector de) la economía? Algunos incluso dan a entender que el alto desempleo se debe a los esfuerzos del Banco Central por tener una inflación baja. El debate sobre política monetaria es muy técnico, pero se guía —o debería guiarse— por ciertos principios. El principal es que el objetivo primordial del BCCR es garantizar la estabilidad de la moneda, es decir, mantener la inflación bajo control. Todas sus acciones deben supeditarse a ese mandato legal. Y es algo que debería estar fuera de discusión. Tan solo imaginemos si a la difícil coyuntura actual le sumáramos una inflación de dos dígitos como la que caracterizó al país hasta hace pocos años.

Otro principio es que el tipo de cambio debería ser neutro y reflejar la oferta y demanda de dólares, sin que medien manipulaciones del BCCR. Aquí empieza a complicarse la cosa. Se argumenta que el Banco Central ha impedido en los últimos años una devaluación natural del colón. También se ha dicho que al país han entrado muchos dólares producto de las distorsiones que causa la voracidad fiscal del gobierno, lo cual ha apreciado artificialmente el tipo de cambio. Los señalamientos merecen atención y haría bien el BCCR en demostrar a la opinión pública si tienen asidero o no. Pero no debemos caer en la tentación de creer que la reactivación depende de una devaluación, cuando las causas de la desaceleración económica y el aumento en el desempleo están en otras partes y han sido ampliamente identificadas: altos impuestos, elevadas cargas sociales, regulaciones asfixiantes, crecientes costos energéticos, entre otros. No está de más analizar el tipo de cambio, pero no perdamos el foco de las reformas estructurales que el país tanto necesita.

El autor es analista de políticas públicas.