Columnistas

De frente: La opinión pública

Es posible que la población esté más preparada para reformas estructurales de lo que la clase política piensa

Juan Carlos Hidalgo,  mascarilla
Juan Carlos Hidalgo, mascarilla

«El sentimiento público lo es todo», afirmó Abraham Lincoln en uno de sus famosos debates con Stephen Douglas en 1858. «Con el sentimiento público, nada puede fallar; sin este, nada puede tener éxito». La sentencia adquiere particular relevancia en nuestro país a la luz de lo que señalé la semana pasada: si la gente no entiende la naturaleza y gravedad de la situación fiscal que atravesamos, difícilmente aceptará las medidas para escapar de la crisis que está a la vuelta de la esquina.

Lincoln creía que impactar la opinión pública es la tarea primordial de los políticos, puesto que «quien moldea el sentimiento público, va más allá de quien promulga estatutos o emite fallos. Él hace que los estatutos o los fallos sean posibles o imposibles de ejecutar».

Sin embargo, Friedrich Hayek advertiría que los políticos son más proclives a ser seguidores de la opinión pública que formadores. «Legislar para las graderías» es un fenómeno bien documentado y que ha quedado nuevamente en evidencia durante el trámite de la reforma del empleo público, con el agravante de que quienes están en las gradas no son todos los costarricenses, sino los grupos de presión interesados en proteger sus intereses.

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