Cuando se habla del deterioro del empleo juvenil en Costa Rica, la discusión suele centrarse en el desempleo. Pero los datos muestran que una parte importante de la situación ocurre incluso antes: muchas jóvenes ni siquiera logran participar plenamente en el mercado laboral.
La Encuesta Continua de Empleo del INEC revela una marcada diferencia entre hombres y mujeres jóvenes. En el primer trimestre de 2026, alrededor de 65.000 mujeres de entre 19 y 25 años no estudiaban ni trabajaban. Entre los hombres de la misma edad, la cifra rondaba las 46.000 personas.
Pero el contraste más importante se evidencia al analizar las causas de esa desconexión. Mientras que entre los hombres predominan motivos relacionados con el estudio, el desaliento o la falta de oportunidades adecuadas, entre las mujeres predominan con mucha mayor fuerza las obligaciones familiares y personales.
Eso cambia bastante la interpretación del fenómeno. Muchas veces, el debate público asume que las personas jóvenes fuera del mercado laboral simplemente “no buscan trabajo”. Sin embargo, los datos sugieren que, para muchas mujeres jóvenes, la desconexión laboral parece estar mucho más asociada a barreras estructurales de participación.
Para muchas de ellas, la exclusión ocurre incluso antes de poder competir por un empleo. Durante años, Costa Rica logró avances importantes en la cobertura educativa femenina. Hoy, las mujeres jóvenes incluso presentan niveles educativos promedio superiores a los de los hombres en varios segmentos. Pero eso no necesariamente se traduce automáticamente en participación laboral.
Las responsabilidades de cuido, las tareas domésticas, la maternidad temprana, la ausencia de redes de apoyo y las dificultades para compatibilizar el trabajo y la vida familiar continúan afectando desproporcionadamente a muchas mujeres jóvenes, precisamente en la transición entre la educación y el empleo. Y eso tiene consecuencias profundas.
Cuando una persona permanece varios años fuera del mercado laboral en las primeras etapas de la vida adulta, resulta mucho más difícil acumular experiencia, construir una trayectoria laboral, acceder a empleos formales o mejorar los ingresos futuros.
El problema del empleo juvenil femenino en Costa Rica ya no parece limitarse únicamente a la búsqueda de trabajo. La desigualdad empieza antes: en quien logra siquiera participar plenamente en el mercado laboral. Y cuando esa desconexión aparece desde edades tan tempranas, las brechas de ingresos, experiencia, formalidad e independencia económica tienden a acumularse durante décadas.
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Andrés Fernández Arauz es economista.
