
Los resultados del Índice de Desempeño Ambiental 2026 de la Universidad de Yale colocan a Costa Rica en la posición 45 del mundo, con una puntuación de 49,3, primer lugar en Centroamérica, segundo lugar de América Latina y el Caribe, y muy lejos de la nota máxima de 100.
Es una ubicación relevante y confirma que el país conserva ventajas ambientales construidas durante décadas. Sin embargo, una lectura cuidadosa de los datos muestra que el prestigio internacional ya no puede utilizarse como sustituto del desempeño efectivo. Costa Rica sigue destacando, pero avanza lentamente y acumula brechas que comprometen la sostenibilidad de su modelo.
La principal fortaleza continúa siendo la vitalidad de los ecosistemas. El país ocupa la primera posición regional en esta categoría y alcanza la cuarta posición mundial en biodiversidad y hábitat. También sobresale en representatividad y conectividad de las áreas protegidas, con posiciones de liderazgo global como resultado ya de varias décadas de promover corredores biológicos. Estos resultados reflejan la importancia histórica del sistema de áreas protegidas, de la institucionalidad ambiental y la participación de la sociedad civil en la consolidación de espacios de conservación.
No obstante, incluso este bloque presenta señales de alerta. La eficacia de las áreas marinas protegidas registra una caída de 48,6 puntos en diez años y coloca al país en el puesto 15 regional. El Índice de la Lista Roja también disminuye, al igual que los indicadores de hábitat y resiliencia bioclimática.
En otras palabras, declarar áreas protegidas no garantiza por sí solo la conservación de especies, la integridad ecológica ni una gestión efectiva. La cobertura debe acompañarse de financiamiento, vigilancia, restauración, monitoreo y participación territorial.
El contraste más preocupante aparece en el uso productivo de los recursos naturales. Costa Rica ocupa la posición 102 en pesca, con resultados especialmente críticos en descartes. En agricultura, se sitúa en el puesto 144 mundial y en el 24 regional. El manejo del nitrógeno, el exceso de fósforo y el riesgo de contaminación por plaguicidas revelan que la transición hacia una producción agropecuaria sostenible continúa pendiente.
Tampoco puede ignorarse el tratamiento de aguas residuales: una puntuación de 24,1 y la posición 23 regional evidencian una deuda sanitaria y ambiental incompatible con la imagen de país verde.
En salud ambiental, el balance es mixto. Hay avances en saneamiento, agua potable y gestión de residuos sólidos, pero persisten rezagos en exposición a dióxido de azufre, compuestos orgánicos volátiles, ozono y monóxido de carbono. La contaminación del aire ya no puede verse como un problema exclusivo de las grandes metrópolis. La movilidad basada en combustibles fósiles, el congestionamiento y las emisiones urbanas afectan directamente la salud y la productividad.
El desempeño climático también exige una revisión profunda. Costa Rica ocupa la posición 96 en mitigación y presenta retrocesos en emisiones de metano, gases fluorados y emisiones ajustadas por habitante.
La puntuación de 6,4 en emisiones proyectadas hacia 2050 es especialmente severa. Esto indica que las políticas actuales no serían suficientes para sostener una trayectoria coherente con la descarbonización.
La electricidad renovable, aunque estratégica, no compensa por sí sola las emisiones del transporte, la agricultura, los residuos y el cambio de uso del suelo.
El Índice de Desempeño Ambiental 2026 deja una conclusión incómoda: Costa Rica conserva una plataforma ambiental sólida, pero su liderazgo se está volviendo más defensivo que transformador. El país protege bien una parte importante de su territorio, pero enfrenta dificultades para gestionar el mar, reducir la contaminación, modernizar la agricultura, tratar sus aguas residuales y disminuir emisiones.
La prioridad no debería ser celebrar el puesto 45, sino utilizarlo como línea base para una nueva generación de políticas públicas.
Se requiere pasar de la reputación a los resultados; de las áreas declaradas a las áreas efectivamente manejadas; de la producción tradicional a sistemas bajos en emisiones, y de metas climáticas aspiracionales a inversiones verificables.
El verdadero liderazgo ambiental de Costa Rica dependerá de su capacidad para reconocer sus rezagos y actuar antes de que su imagen internacional avance más rápido que su desempeño real.
Lenin Corrales Chaves es analista ambiental y fue presidente del Consejo Científico de Cambio Climático de Costa Rica.