Ya analizamos cuánto produce Costa Rica y también el territorio donde ocurre nuestra historia. Ahora es momento de mirar el recurso más importante de cualquier país: su gente. No solo cuántas personas somos, sino cómo se distribuyen por edad y cuántas están en condiciones de sostener la economía frente a las que, en los próximos años, dependerán cada vez más de los sistemas de salud, pensiones y cuidados.
Según la base oficial de Naciones Unidas, World Population Prospects, Costa Rica tenía en 2025 una población estimada de 5,1 millones de habitantes, y ocupaba cerca de la posición 127 entre 237 países y territorios por tamaño de población. No somos una economía grande, pero tampoco una microeconomía; somos pequeños para que las decisiones públicas tengan impacto visible, pero lo suficientemente grandes como para que los errores se acumulen.
Comparando con países de tamaño poblacional parecido pero mayor nivel de ingreso, se encuentra a Panamá, con 4,5 millones de habitantes y 36.426 dólares; Uruguay, con 3,4 millones, llega a 32.039; Croacia, con 3,9 millones, supera los 42.000, y Nueva Zelanda, con 5,3 millones, alcanza 48.163 dólares. El tamaño de la población, entonces, no es la excusa; la diferencia está en las características de esa población.
Y dentro de esas características hay que empezar por la edad; es decir, qué tan joven o envejecida está esa población. Durante décadas, Costa Rica se benefició de tener menos hijos por hogar, más población en edad productiva y una presión manejable sobre salud, pensiones y cuidados. Ese periodo se conoce como bono demográfico; el problema es que el bono no dura para siempre. En 2025, alrededor del 18% de la población tenía menos de 15 años, cerca del 69% se encontraba entre los 15 y los 64 años y aproximadamente el 13% tenía 65 años o más, con una edad mediana de 35 años. Para 2040, la edad mediana de la población será de 42 años.
Panamá, por ejemplo, conserva una estructura más joven; cerca de una cuarta parte de su población tiene menos de 15 años y una edad mediana de 30 años. En contraste, Uruguay está más avanzado en el envejecimiento, tiene menos niños y más personas mayores, y una edad mediana de 36 años. Costa Rica está entre ambos caminos, menos joven que Panamá, pero aún no tan envejecida como Uruguay.
Esa posición representa una oportunidad, pero también una advertencia. Costa Rica aún cuenta con una amplia mayoría de población en edad de trabajar, pero esa ventaja solo se traduce en progreso cuando las personas tienen educación de calidad, buena salud, habilidades para la economía del conocimiento y acceso a empleo productivo. La demografía, por sí sola, no genera prosperidad; una población joven sin educación puede derivar en informalidad, una población adulta con baja productividad en estancamiento económico y una población cada vez más longeva sin sistemas adecuados de salud, pensiones y cuidados en una futura crisis fiscal y social.
En otras palabras, y aprovechando la Copa del Mundo como ejemplo, el tamaño de la población no determina el desempeño en la cancha. Croacia fue subcampeón del mundo en 2018 y dos veces tercer lugar, en 1998 y 2022. Uruguay ha conquistado dos títulos mundiales, en 1930 y 1950, y obtuvo un cuarto y un quinto lugar en 2010 y 2018, respectivamente, manteniéndose competitivo por décadas. La lección trasciende el deporte: cuando el talento se desarrolla, las instituciones funcionan y la estrategia es consistente, la calidad pesa mucho más que la cantidad.
Finalmente, para Costa Rica, la pregunta ya no es solamente cómo crecer más en lo económico; es cómo crecer antes de envejecer demasiado. Cómo aumentar la productividad de una fuerza laboral que pronto será más pequeña, y eso implica también cómo formar mejor a los jóvenes. Costa Rica tiene todavía una ventana demográfica abierta, pero no puede desperdiciarla.
La geografía dijo dónde estamos. El ingreso mostró cuánto producimos. La demografía recuerda cuánto tiempo tenemos. El dato es claro, Costa Rica aún tiene una ventana demográfica abierta; pero cada año será más estrecha; ese es el relato, tic-tac.
Jaime García es director para América Latina del Índice de Progreso Social.
