Columnistas

Cantos de vida y esperanza

¿Cuál Carta Democrática detendrá, entonces, la matanza en Nicaragua, ¿si a Venezuela se la dejó languidecer irreparablemente?

Velia Govaere
Velia Govaere

Cotidiana y angustiosa, noche interminable de pesadilla, la tragedia de Nicaragua nos está llevando al extremo maligno de acostumbrarnos a ella. ¡Por Dios, que nunca ese dolor nos sea indiferente! La historia de ese pueblo se repite como gota tenaz que nos revienta el alma. Las naciones vecinas atrapadas en voces de condena retórica y la indignación colectiva sumida en la impotencia. Por eso, preferimos, muchas veces, enterrar la cabeza en la arena y no leer nada más sobre Nicaragua.

Me siento en lidia entre la razón o el corazón, mientras escribo. Conciliación imposible. En este dilema me vence el sentimiento. Demasiado atesoro su inmensa alegría de vivir, hoy cortada de un tajo por la sangre derramada. Ese pueblo está solo frente al fusil del tirano. ¿Cómo logra mantener viva su protesta? ¿De dónde saca fuerzas? ¡Que nadie me diga que cada pueblo tiene el gobierno que se merece! Ningún pueblo se merece un Ortega.

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