Armando Mayorga. 7 octubre

Don José Miguel Corrales, uno de los dirigentes del pretendido “Rescate Nacional”, admite que los “piquetes están siendo penetrados por narcotraficantes”. Por delincuentes, por distribuidores de droga locales, confirmó el ministro de Seguridad Pública, Michael Soto.

Es más que obvio. Solo un criminal quema furgones o vagonetas, lanza un tractor o dispara contra policías, obstruye el libre tránsito, cobra peaje por permitir el paso o destruye autos ajenos.

Solo a un salvaje se le ocurre prohibir el paso al vehículo donde un desesperado marido llevaba a su esposa hacia el hospital, en plena labor de parto, con sangrado y dolores.

Solo un delincuente hace lo que los “manifestantes” hicieron en El Tanque de San Carlos: atacar un 4x4 con palos y piedras, y romperle la ventana a una madre y un bebé que urgían atención médica.

Todos tenemos derecho a protestar, a quejarnos públicamente porque no queremos pagar más impuestos, pero no tenemos derecho a cometer actos criminales con la excusa de que es la única forma de hacerse escuchar.

Don José Miguel debe entrar en razón y aceptar que el movimiento se le fue de las manos y ahora quien de verdad requiere “rescate” es “Rescate Nacional”, pues se transformó en una banda asociada con la delincuencia.

El día para que “Rescate Nacional” lograra alguna representación venció el domingo, cuando el presidente, Carlos Alvarado, anunció el retiro de la propuesta que haría al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Esa noche, con cabeza caliente, los cabecillas (cabecillas, porque actúan con poco juicio) decidieron mantener los bloqueos indefinidamente y fue ahí cuando los manifestantes iniciales se retiraron y los delincuentes ganaron control de las calles.

Tanto vandalismo deslegitimó la causa. Corrales debe admitirlo. ¿Cómo se le ocurre liderar un “Rescate Nacional” cuando él mismo admite infiltración del narcotráfico? Loco quien lo tome en serio para negociar.

Es momento de que, como político con espuela, reconozca que el mejor camino es regresar a su casa y permitir que el “rescate” lo dirijan movimientos ajenos a la criminalidad. Protestemos, sí, pero sin delincuentes de por medio.

amayorga@nacion.com