Al fin, una voz responsable. Los bomberos dieron un ejemplo de servicio público al pedir a los diputados ser excluidos de todo proyecto que les dé derecho a la huelga, como pretendían cinco diputados politiqueros.
Este gremio es hasta ahora el único que se ha declarado consciente de que brinda un servicio esencial y, por tanto, nunca podrá paralizar la institución. La forma de valorar la vida, y su misericordia con el prójimo al que sirve, es ejemplar, y es la que se extraña en un grupúsculo de diputados que, con un vulgar populismo, en aras de ganar votos, pretende hacer de las huelgas el deporte nacional.
Es momento de que la Asamblea sea consecuente y emita una ley en favor de los ciudadanos, pues está claro que las huelgas perjudican a todos, pero, sobre todo, a los más pobres, quienes no tienen otra opción que estudiar en una escuela o colegio público o no cuentan con dinero para pagar atención en un hospital privado cuando los trabajadores de la CCSS se cruzan de brazos.
Los diputados deben tener noción de que los 89 días de huelga cruel de los educadores, el año pasado, empobrecieron a los más pobres y los dejaron en desventaja ante los alumnos de centros privados (cientos, irónicamente, hijos de docentes del MEP).
Los colegiales más vulnerables están en claro rezago por tanto tiempo perdido, y eso lo irán pagando conforme intenten escalar grados o al competir por un cupo en una universidad estatal. La competencia es fuerte y poco a poco el sistema los irá desgranando por culpa de sindicalistas insensibles.
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Los diputados no deben olvidar que el año pasado los huelguistas de la CCSS dejaron sin consulta médica a 129.000 personas y sin cirugía a otras 4.000 y, hace menos de un mes, suspendieron citas a 84.000 y operaciones a 3.000: 213.000 citas y 7.000 cirugías en menos de un año. Y, tras de eso, premio: no solo se les pagaron los días no trabajados, sino también horas extras para recuperar el tiempo perdido. Tolerar eso, en un país con crisis en educación, salud y finanzas públicas, sería una imperdonable omisión de los diputados. Un delito moral.
Llegó el momento de poner coto a tanta desconsideración de la clase sindical con los ciudadanos y de que los diputados hagan prevalecer los derechos de la mayoría sobre los de una minoría.
Twitter: @armandomayorga
Armando Mayorga es jefe de Redacción de La Nación.
