La entidad logró, en dos años, bajar el costo del medicamento de $2.900 a $1.440 por unidad, una disminución del 49,6%. Además, el fármaco amplió su uso a 21 categorías diferentes de cáncer, lo que nos convierte –en beneficio de los pacientes– en el primer país con un número tan alto de coberturas.
En 2016, cuando me detectaron cáncer de seno, el doctor me anticipó que, en un futuro cercano, el tratamiento ya no sería mediante radioterapia ni quimioterapia, sino por inmunoterapia. Esto significaría un cambio radical para los pacientes, pues mientras la quimioterapia mata todas las células (buenas y malas), la inmunoterapia convierte nuestro cuerpo en el principal defensor contra el cáncer, por lo que se atacan únicamente las células malignas y se evitan los severos efectos de la quimio, que incluso pueden afectar otros órganos.
Hacer accesible este medicamento a quienes son diagnosticados con cáncer permitirá que los médicos de la propia Caja decidan quién lo recibe. Esto representa ganar un tiempo valiosísimo, además de que se da esperanza a los pacientes y tranquilidad a sus familias, especialmente cuando cada día cuenta.
Bien por la Caja porque, además de aprovechar el músculo que le da su volumen, supo utilizar la ventana del vencimiento de la patente (2028) para establecer una excelente negociación con la proveedora Merck & Co. Esta relación permitirá asegurar el acceso al medicamento original incluso cuando aparezcan los genéricos.
Como costarricense, esta negociación me llena de orgullo y felicidad. Nos recuerda lo que significa contar con la Caja: una institución que hace posible que quienes enferman accedan a tratamientos millonarios, inaccesibles para la inmensa mayoría. En el sector privado, este fármaco puede llegar a costar $5.000 por unidad, mientras que los $1.440 corresponden al precio de una de las muchas dosis que un paciente puede requerir durante años. Gracias por hacer accesible un medicamento que salvará vidas.
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Nuria Marín Raventós es politóloga.