En estos tiempos tan peligrosos, en que tantos jóvenes andan en malos pasos, la historia contada por un privado de libertad en La Nación del 8 de febrero debería ser de lectura obligatoria para niños de escuela y jóvenes de colegio. Que así entiendan que delinquir es perder la vida física, emocional, mental, y que cuando se está tras las rejas, todo se acaba: dinero, fama, amigos, familia.
Felicito a ese privado de libertad por contarnos su historia y por intentar superarse desde la prisión. Dios quiera que, cuando salga, pueda ver el mundo y la vida de forma diferente e inicie una nueva vida.
Óscar Ugarte Soto, Desamparados
Una salmuera de pollo
Pasadas las 11 horas de este lunes, compré en Más x Menos de Belén, un pollo recién horneado para evitarme el trajín del almuerzo. Imposible comerlo. Es una salmuera. Por tratar de acentuar el sabor, lo recargaron –pienso– de una química culinaria llamada ajin horto, o ají gusto, o ajino moto, denominaciones todas que se corresponden con el dañino glutamato de sodio. Lo tuve que desechar, pero conservo la factura de compra y parte del producto, por si al Ministerio de Salud pudiera interesarle.
René Roblero, Heredia
Agradecer a Dios
Dios es el jefe espiritual de la humanidad. Él no realiza directamente el oficio material de cada persona, pero sí cumple una función mucho más profunda y decisiva: ilumina nuestra mente.
¿Por qué debemos darle siempre gracias a Dios? Porque es Él quien actúa en nuestro cerebro, inspirándonos con las mejores ideas, orientándonos hacia decisiones correctas y dándonos claridad para realizar nuestro trabajo con sabiduría y responsabilidad. El oficio lo hacemos nosotros, con nuestras manos y esfuerzo, pero la guía interior que lo hace bien hecho proviene de Él.
Cuando creemos que podemos hacerlo todo únicamente por nuestras propias fuerzas, sin humildad ni gratitud, los resultados suelen ser incompletos o errados. En cambio, cuando reconocemos la acción de Dios en nuestros pensamientos, avanzamos con mayor acierto, orden y propósito.
Dar gracias a Dios no es un acto pasivo ni una excusa para no actuar; es un reconocimiento sincero de que las buenas ideas, la creatividad, la prudencia y la rectitud tienen un origen superior.
Jaime Morera Monge, Alajuela
‘Pedir cacao’
En estos días, se ha puesto de moda en redes la expresión “pedir cacao” en relación con una carta dirigida a la presidenta electa. Tal expresión, para nosotros, significa hacer las paces, rendirse, buscar la reconciliación. Según el filólogo Carlos Gagini (1864-1925), proviene del argot de los apostadores en las peleas de gallos de hace más de cien años. De la voz continua o cacareo del gallo que huye rendido, se formó tal frase.
Rigoberto Guadamuz Monge, Desamparados
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