La mitad del país (los 2,6 millones de clientes del Banco Nacional) esperamos con ansiedad la sentencia que se dictará en vivo este 27 de agosto por el Caso Gallo Tapado. Los elementos probatorios son demoledores: 700 videos, el allanamiento en la casa de Olivas con los famosos sobres de manila (hoy extintos en los comercios) e informes detallados de la JPS sobre la compra y cobro de premios.
Resulta inadmisible que el señor tesorero burlara los controles de seguridad en 33 ocasiones para sustraer ¢3.294 millones del Centro Institucional de Procesamiento de Efectivo (CIPE), saliendo del Banco Nacional con total impunidad a comprar lotería. Hoy, cuando la ciudadanía clama por justicia pronta y cumplida, la defensa pide la absolutoria o una pena mínima.
Los clientes del BN demandamos que los delitos de cuello blanco reciban un castigo severo, proporcional al desfalco cometido.
Silvia Gagneten Barbetta, Rohrmoser
Mejor cierren el BN
El servicio del Banco Nacional (BN) es terrible, no apto para conservar la paciencia y la cordura. Entiendo que traten de mejorar sus sistemas para evitar estafas, pero los cambios terminan causando estrés a quienes somos clientes.
La creación de usuario y contraseña es un martirio, y comunicarse vía telefónica, otro. Después de horas de intentos, cuando finalmente se logra ingresar, en un nuevo intento el sistema dice que el usuario ya está registrado y que debe darse de baja para volver a entrar. ¿En serio, qué se puede hacer con tanta traba?
Estoy pensando seriamente en cerrar mi cuenta y pasarme a otro banco. Para rematar, hace unos años me hackearon la única cuenta que tengo y me estafaron ¢120.000.
Por lo visto, no soy la única insatisfecha: varios amigos me han contado que tienen los mismos problemas. Mejor cierren el BNCR y no el BCR, que al menos es más amigable.
Anabelle Araya García, San José
Troles que no escriben
Yo camino para comprar La Nación: un día en un establecimiento; otro, en un supermercado. De vez en cuando, compro también el Semanario Universidad. Hace unos años, podía comprar el periódico aún por la tarde; hoy, desaparece de las urnas con mayor rapidez.
El efecto es contrario al que busca el ataque del chavismo contra la “prensa canalla”. Los costarricenses hemos seguido, desde nuestra Independencia, las noticias escritas y hoy, también, las de la televisión. Tener una oposición y un espacio para las respuestas es válido en una democracia. Pero los “líderes” del chavismo no escriben. Por el contrario, armaron un batallón de troles que solo ofenden y mienten.
Eso parece haber empezado a cansar al ciudadano, quien desea oír y leer a dirigentes serios e inteligentes, esos que escriben en los espacios donde participan los intelectuales y los actores serios de la política.
El día en que ya no camine por mi periódico –y otros, por los medios de prensa de su interés– será el día más oscuro para la libertad de expresión. Será el día en que la granja agache la cabeza para recibir un único alimento: el control de todas las memorias.
Mario Valverde Montoya, San Rafael de Montes de Oca
Ofensas e insultos
Causa estupor leer cómo las diputadas Esquivel y Guadamuz hablaron de denunciar al diputado Edgardo Araya por su aseveración sobre la presidenta, que ellas consideran violencia política contra una mujer. ¿Y dónde quedan las innumerables, y mucho más graves, ofensas e insultos de Rodrigo Chaves contra muchas personas funcionarias con puestos en instituciones? Pareciera que dichas diputadas tienen problemas de memoria o de conciencia, pero les podemos refrescar la lista de ofensas y epítetos burlescos del expresidente y ahora ministro, dado que ya están documentados: ofensas contra la contralora general, el fiscal general, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, la exministra Patricia Navarro, el expresidente de la Asamblea Legislativa Rodrigo Arias, las y los honestos y valientes magistrados de las Salas, y contra la prensa y el TSE, solo para citar unos pocos ejemplos.
Como muy bien lo indica Manuel Bermúdez (Semanario Universidad, 2613): “Gobernantes improvisados, advenedizos, aventureros, disfrazados de disruptivos, ascendieron al poder con vocación de sátrapas...”.
Carmen María Rojas González, San Pedro de Montes de Oca
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