
Un parpadeo constante, una mueca involuntaria o un carraspeo repetitivo pueden pasar desapercibidos en la rutina diaria. Sin embargo, detrás de estos movimientos podrían estar los llamados tics, manifestaciones neurológicas frecuentes en niños que suelen ser temporales. Comprender cómo se manifiestan y por qué ocurren es clave para buscar ayuda médica y evitar la estigmatización.
Según Jerry Castro, especialista en psiquiatría y neuropsiquiatría, parte de la red médica Medismart, los tics son movimientos o sonidos repentinos y repetitivos que muchas personas experimentan, especialmente durante la infancia.
“No siguen un patrón rítmico y a menudo se confunden con manías o actitudes voluntarias, pero los tics no son un problema de conducta. Son una dificultad del cerebro para filtrar movimientos innecesarios”, explica Castro.
Lo que debe saber:
1- Un tic es un movimiento o vocalización que aparece de forma súbita, rápida y repetitiva.
2- Se clasifican en motores y vocales.
3- Suelen comenzar entre los 4 y 8 años.
“Aunque suelen preocupar a los padres, la mayoría forma parte del desarrollo neurológico y tiende a desaparecer con el tiempo”, añade el especialista.
Los tics se originan por la manera en que se desarrolla el cerebro. No son un exceso de movimiento, sino una dificultad para controlar acciones que normalmente nuestro cerebro inhibe de forma automática.
“Es un problema en el filtro que tiene el cerebro para bloquear movimientos innecesarios”, indicó el neuropsiquiatría.
El especialista señala que los tics se clasifican en dos grandes grupos: motores y vocales, y ambos pueden ser simples o complejos.
Tics motores:
- Simples: consisten en parpadeos, gestos faciales, movimientos de cuello o hombros.
- Complejos: se basan en saltar, girar sobre sí mismo, tocar objetos o partes del cuerpo de manera repetitiva.
Tics vocales:
- Simples: Corresponden más a los carraspeos, sonidos con la nariz, silbidos o vocalizaciones involuntarias.
- Complejos: Se tratan de expresiones más elaboradas, que en algunos casos pueden asociarse con el síndrome de Tourette
Según el médico, uno de los puntos clave para padres y cuidadores es identificar correctamente los tics y entender que no son conductas voluntarias ni problemas de disciplina.
“El tic tiene una sensación premonitoria: es como cuando uno siente que va a estornudar o a bostezar y trata de contenerlo, esto genera incomodidad y ansiedad, pero no es voluntario ni un reflejo simple”, explicó Castro.
Los tics rara vez aparecen antes de los tres años. Son más frecuentes entre los 4 y 8 años, alcanzan un pico a los 12 y suelen mejorar en la adolescencia tardía. Por eso, es poco común que persistan en la vida adulta. De hecho, se estima que alrededor del 20% de los niños puede presentar algún tipo de tic durante esta etapa.

El estrés, la ansiedad, la falta de sueño o la exposición a otros niños con tics pueden aumentar su frecuencia. Por el contrario, actividades que requieren concentración pueden disminuir temporalmente los movimientos involuntarios.
Se recomienda no regañar ni estigmatizar a los niños o adultos que presentan tics. La intervención médica se recomienda únicamente si:
- Afectan la vida social, escolar o laboral.
- Generan angustia o ansiedad.
- Se presentan de manera intensa o compleja.
“Diferenciar un tic de un gesto voluntario es esencial para cuidar la salud neurológica y emocional de los niños”, explica el Castro.
