
El bullying no siempre ocurre a plena vista. Muchas veces comienza con bromas constantes, comentarios humillantes, exclusiones repetidas o actitudes que debilitan silenciosamente la autoestima y la seguridad emocional, especialmente en menores de edad y adultos mayores.
Jeimy Agudelo, psicóloga de la Clínica Hikma y parte de la red médica de MediSmart, advierte que uno de los principales errores sociales es normalizar estas conductas como parte del crecimiento o de la convivencia cotidiana.
Lo que debe saber
- El bullying se identifica por repetición, desigualdad de poder y humillación constante.
- Muchas víctimas callan por miedo al aislamiento o a sufrir más exclusión.
- Cambios como ansiedad, aislamiento o rechazo a ir a clases pueden ser señales de acoso.
La especialista aclara que no toda discusión constituye bullying. Un conflicto normal ocurre entre personas con posibilidades similares de defenderse y expresar lo que sienten.
El bullying, en cambio, presenta tres características esenciales:
- Repetición en el tiempo.
- Desequilibrio de poder.
- Intención de humillar, excluir o controlar.
“Dos estudiantes pueden discutir un día por un juego y luego resolverlo. Pero si uno se convierte constantemente en blanco de burlas, aislamiento o humillaciones, ya existe una dinámica de acoso”, explicó.
En niños y adolescentes, el bullying suele relacionarse con dinámicas grupales, presión social o redes sociales. Muchas víctimas no denuncian por miedo a quedar aún más excluidas.
“El temor más grande muchas veces no es el bullying en sí, sino quedarse completamente solo”, afirmó la psicóloga.
Ese miedo lleva a muchos menores a soportar el acoso en silencio, cambiar su personalidad para encajar o normalizar el maltrato.
El ‘bullying’ también afecta a adultos mayores
Aunque se habla menos del tema, los adultos mayores también pueden sufrir bullying, especialmente en contextos familiares o de dependencia.
En estos casos, el poder no necesariamente está ligado a la fuerza física, sino al control emocional, económico o funcional.
“Muchos adultos mayores crecieron aprendiendo a aguantar y no incomodar. Por eso suelen minimizar o justificar el maltrato”, señaló Agudelo.
La especialista indicó que frases como “usted no entiende”, “mejor no opine” o “siéntese y no estorbe” pueden parecer expresiones de impaciencia, pero cuando se repiten terminan debilitando la dignidad y autonomía de la persona mayor.
La psicóloga recordó el caso de una mujer que justificaba el trato agresivo de su hijo diciendo: “Mi hijo me trata feo, pero es porque yo le doy mucho trabajo”.
Agudelo insistió en que estas conductas no deben normalizarse, así como tampoco tomar decisiones por las personas mayores o tratarlas como niños.
Las señales silenciosas
Uno de los aspectos más complejos del bullying es que las víctimas rara vez lo expresan de forma directa.
En niños y adolescentes, el malestar suele reflejarse mediante síntomas físicos o cambios de conducta como:
- Dolores de cabeza o estómago frecuentes.
- Resistencia a asistir a clases.
- Alteraciones del sueño o alimentación.
- Irritabilidad.
- Aislamiento social.
- Ansiedad constante.
Uno de cada cuatro menores en América Latina y el Caribe ha sufrido bullying, según un informe regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizado en 23 países.
La especialista recordó el caso de una niña que cada lunes decía sentirse enferma antes de ir a la escuela. Tiempo después se descubrió que varios compañeros le escondían la comida y grababan sus reacciones para burlarse en un chat grupal.
“El cuerpo muchas veces empieza a hablar antes que la persona”, detalló.
En adultos mayores, las señales pueden ser más discretas:
- Pérdida de interés en actividades familiares.
- Apatía.
- Silencio excesivo.
- Miedo a expresarse frente a ciertas personas.
- Cambios emocionales repentinos.
Uno de los escenarios más peligrosos ocurre cuando familiares o instituciones minimizan el bullying. En esos casos, la víctima no solo enfrenta la agresión, sino también el abandono emocional de quienes deberían protegerla.
Agudelo recordó el caso de un adulto mayor que dejó de participar en reuniones familiares. Su entorno asumía que era parte de la edad, hasta que en una sesión confesó que sus nietos imitaban su forma lenta de hablar y todos se reían.
Una de cada seis personas mayores de 60 años sufrió algún tipo de maltrato en su comunidad durante el último año, según datos publicados por la OMS en 2024.
La especialista recomienda prestar atención a cambios conductuales sostenidos y documentar patrones repetitivos, especialmente cuando la persona afectada tiene dificultades para expresarse o teme denunciar.
