
Convertirse en madre trae alegría, pero también implica una profunda transformación en el cuerpo, el cerebro y las emociones de una mujer. Este proceso, conocido como matrescencia, puede generar cambios que no siempre son fáciles de entender, pero ¿cómo diferenciarlo de una depresión posparto?
En el Día de la Madre, Georgina Echandi, psicóloga del Hospital Metropolitano, explica qué cambios pueden ser parte de esta adaptación y cuáles son las señales de alerta que ameritan buscar apoyo de un profesional en salud mental.
Lo que debe saber:
- Los cambios hormonales y cerebrales después del parto pueden aumentar la vulnerabilidad emocional y el estado de alerta de una madre.
- La tristeza pasajera y el agotamiento no necesariamente significan depresión posparto, pero algunos síntomas sostenidos sí requieren atención.
- Las madres atraviesan duelos por la pérdida de su antigua identidad, su cuerpo previo y su independencia laboral.
Así cambia el cerebro de una madre
Una de las partes menos conocidas de la maternidad ocurre lejos de la mirada de los demás: en el cerebro.
Echandi explica que durante la matrescencia se producen modificaciones cerebrales que ayudan a la mujer a responder a las necesidades del bebé. Entre ellas:
- Reducción de sustancia gris en determinadas regiones: esto no significa que el cerebro esté “perdiendo capacidades”. Se trata de una reorganización asociada con la adaptación a la maternidad.
- Aumenta el estado de alerta: los niveles de cortisol se elevan y, por eso, un sonido que antes podía pasar desapercibido puede adquirir una importancia enorme después de tener un bebé.
“Antes de tener a mi hija mayor, yo escuchaba un llanto y yo podía seguir con mi vida normal, pero ahora yo escucho el llanto de un bebé y es como ‘ok, ¿qué pasó? ¿quién está llorando y por qué?”, cuenta la psicóloga.
A esto se suma otro cambio importante: después del parto, las hormonas varían de manera drástica y pueden tardar más de un año en regularizarse.
Entonces, ¿es normal sentirse triste después del parto?
Después de la salida de la placenta, los niveles de progesterona caen de forma drástica, alrededor de un 90% en las primeras 24 a 48 horas. Este cambio hormonal puede aumentar la vulnerabilidad emocional de la madre y favorecer cambios repentinos en el estado de ánimo.
En esta etapa pueden aparecer los llamados baby blues, conocidos en español como tristeza posparto. La mujer puede sentirse triste, sensible, vulnerable o decaída, aunque también puede experimentar momentos de mucha emoción o euforia.
“Antes de tener a mi hija mayor, yo escuchaba un llanto y yo podía seguir con mi vida normal, pero ahora yo escucho el llanto de un bebé y es como ‘ok, ¿qué pasó? ¿quién está llorando y por qué?”, cuenta la psicóloga.
La clave está en que estos cambios emocionales suelen ser transitorios y forman parte del proceso de adaptación. La señal de alerta aparece cuando la tristeza u otros síntomas se mantienen, se intensifican o comienzan a interferir con la vida cotidiana.
Estas señales merecen atención
La depresión posparto no se define simplemente porque una mujer esté cansada o tenga días malos. Echandi señala varias señales a las que conviene prestar atención:
- La tristeza se mantiene y no desaparece.
- La fatiga continúa incluso después de descansar.
- Aparece rechazo hacia el bebé.
- Existe un miedo intenso relacionado con el bebé.
- Surgen pensamientos de hacerle daño al bebé.
- Aparecen pensamientos de hacerse daño a sí misma.
Cuando esto ocurre, la recomendación es no restarle importancia ni asumir que “es parte de ser mamá”.
“No hay que minimizarlo”, advierte la especialista.
Una madre puede sentirse agotada, vulnerable o sobrepasada y necesitar ayuda sin que eso signifique automáticamente que tenga una depresión posparto. Pero tampoco debería tener que demostrar que está suficientemente mal para recibir apoyo.

Duelos silenciosos y presiones sociales
El proceso de adaptación, precisó Echandi, incluye múltiples duelos y presiones internas:
- Las madres lamentan la pérdida de su antigua figura.
- También extrañan su rutina profesional o asimilan el fin de la etapa del embarazo.
- La sociedad dicta expectativas irracionales: exige a la mujer trabajar como si no tuviera hijos y maternar como si no trabajara.
- Los comentarios ajenos complican el bienestar emocional de la madre.
- La sociedad presiona para que la mujer acuda al gimnasio de inmediato y luzca sin rastros de la gestación.
Además, hay otro elemento que puede dificultar que una mujer reconozca que necesita ayuda: la imagen de la maternidad perfecta.
En redes sociales es fácil encontrar madres felices, organizadas, con bebés tranquilos y aparentemente capaces de manejarlo todo. Pero esa imagen puede hacer que una mujer piense que está fallando cuando su experiencia es distinta.
“No se comparen”, recomienda Echandi.
No hay que esperar a estar al límite
Buscar apoyo psicológico no debería ser el último recurso. Según recalca Echandi, incluso sentirse abrumada o pensar “no puedo más” puede ser suficiente para detenerse y pedir un espacio para hablar.
La matrescencia ayuda a entender que convertirse en madre implica una transformación profunda. Pero conocer ese proceso también sirve para algo más importante: no normalizar todo lo que duele bajo la idea de que “así es la maternidad”.
“Ya el ser madre es difícil, es retador, es lindísimo, es precioso, pero es duro, y es importante no romantizar la maternidad, es importante hablar con hechos, hablar de cómo es, investigar, y poder tener herramientas para decir ‘esto me está pasando, yo puedo buscar ayuda”, concluyó la especialista.
