El rescate de una cría de manatí encallada en la playa de Tortuguero (Pococí, Limón) marcó esta semana un hito para la conservación de la fauna marina en Costa Rica y uno de sus símbolos nacionales.
Se trata del primer rescate documentado de una cría de manatí en el país, una operación extraordinaria que incluyó un traslado aéreo de emergencia para intentar salvar a una especie emblemática y seriamente amenazada.
El animal, una hembra de manatí del Caribe (Trichechus manatus) de corta edad, fue localizada durante la mañana del 5 de enero sin rastro de su madre en los alrededores.
Los manatíes son conocidos como “las vacas marinas”, pero en realidad son guardianes tranquilos de los ecosistemas acuáticos. Nunca atacan, nunca cazan: viven del silencio, del pasto sumergido y del ritmo lento del agua.
Como especie clave, cumple un rol fundamental en la salud de humedales y estuarios, pues contribuye al control de la vegetación, al reciclaje de nutrientes y al mantenimiento de la dinámica de humedales y estuarios.
Tras el reporte, personal del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) se mantuvo resguardando a la cría y realizó un monitoreo activo en la zona con la esperanza de localizar a la madre, sin éxito.
En próximos días, las autoridades continuarán vigilantes ante la eventual aparición del ejemplar adulto.
Ante la vulnerabilidad extrema de la cría y el alto riesgo de que permaneciera sola en el ambiente costero, se coordinó durante la tarde de lunes un traslado aéreo de emergencia hacia el Rescate Wildlife Rescue Center.
La acción era necesaria.
Una cría de manatí puede amamantar hasta por dos años y permanece junto a su madre durante largos periodos, aprendiendo rutas, refugios y zonas seguras. La separación temprana, como en este caso, es extremadamente rara y riesgosa.
La cría fue valorada inicialmente en sitio y luego trasladada por vía aérea, acompañada durante todo el vuelo por la médica veterinaria Isabel Hagnauer y la bióloga Marta Venegas, regente de vida silvestre del centro.
“El rescate se realizó mediante un esfuerzo conjunto entre el Sinac, la Universidad Nacional, el sector privado y nuestro centro. Estamos en una etapa crítica para el bebé y estamos haciendo todo lo posible para estabilizarlo, acondicionando espacios y cuidados especiales para su bienestar”, explicó Hagnauer.
También participó el Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa).

El operativo involucró a un equipo interinstitucional y multidisciplinario, con la participación del investigador de la Universidad Nacional Alexander Gómez.
“Este es un esfuerzo importantísimo. El manatí, además de ser símbolo nacional, está en peligro de extinción en Costa Rica y sus poblaciones son muy reducidas. Cada rescate como este es relevante para la supervivencia de la especie en el país”, subrayó Gómez.
Aunque la condición de la cría es crítica debido a su corta edad, el equipo veterinario informó que se mantiene estable y bajo monitoreo permanente las 24 horas.
El objetivo es lograr su rehabilitación y, si las condiciones lo permiten, una eventual reinserción a su hábitat natural.
Símbolo nacional
El manatí del Caribe está clasificado como vulnerable a nivel global y en peligro de extinción en Costa Rica, amenazado por la degradación del hábitat, colisiones con embarcaciones, contaminación y pérdida de conectividad de los ecosistemas acuáticos.
Esta especie fue declarada símbolo nacional de la fauna marina de Costa Rica en 2014, a partir de la iniciativa de dos niños estudiantes de primer grado interesados en la protección de los recursos naturales en el territorio nacional.
Precisamente, su declaratoria también representa la esperanza de los niños costarricenses en la protección ambiental.
Estos grandes mamíferos herbívoros se alimentan de plantas acuáticas y se caracterizan por su comportamiento tranquilo, aunque su observación es difícil y requiere cuidado para protegerlos.
Pueden contener la respiración hasta 20 minutos, pero normalmente suben a la superficie cada pocos minutos. Cuando lo hacen, apenas asoman el hocico, como si pidieran permiso al mundo para seguir existiendo.
Emiten chirridos, silbidos y gemidos para comunicarse entre ellos, especialmente entre madres y crías.
Según estudios de la especie, los antepasados de los manatíes actuales convivieron con los mamuts y llevan más de 50 millones de años en la Tierra.

