Don Proceso Montenegro Barquero vivió recluido y alejado de su familia casi seis años, en Plantón de Oreamuno, en Cartago.
En mayo, una sobrina y su madre se dirigieron al sitio donde, en apariencia, lo mantenía una familiar que afirmó que iba a cuidar de él.
Lo encontraron desnutrido, con la piel escamosa, débil, asustado y llorando, viviendo en una troja con piso de tierra, desordenada y sucia, donde dormía sobre un colchón mugriento.
Por estos hechos, sus familiares presentaron una denuncia penal en la Fiscalía de Cartago por presunto abandono, maltrato, violencia patrimonial y aprovechamiento de persona adulta mayor.

La abogada de la familia, Angie Arce, indicó que el caso ya se está investigando en el expediente 26-001370-0345-PE, abierto hace cerca de un mes. La Nación consultó al Ministerio Público el estado de la causa y se está a la espera de su respuesta.
Según la denuncia, en 2020 la pariente investigada le dijo a la familia que ella le construiría una habitación al adulto mayor, quien dedicó sus años a la agricultura. La mujer se comprometió a cuidarlo el resto de su vida.
En apariencia, en octubre de ese año, la mujer se habría donado a sí misma una finca propiedad de don Proceso y él habría quedado solo con un usufructo vitalicio para seguir usando el inmueble.
“Dicho negocio jurídico se realizó cuando el otorgante contaba con más de 82 años de edad, sin ir donde el notario, sin poder firmar porque así lo indica su cédula, y en un estado de vulnerabilidad”, afirmaron las denunciantes en el documento.
En enero de 2025, habría sido cancelado el usufructo, igualmente sin la autorización del señor. También habría sido denunciado el notario que habría facilitado estos trámites.
En seguida, la denunciada habría dispuesto de la finca, de aproximadamente 5.000 metros cuadrados, para solicitar dos hipotecas, una de ¢22 millones, gestionada el 11 de marzo pasado, y la otra de ¢3 millones, del 20 de abril.
En apariencia, todo esto ocurría mientras don Proceso era mantenido en condiciones deplorables, sin poder ver a su familia, pues ella solo les afirmaba que él se encontraba bien, pero, cuando lo iban a ver, decía que él no estaba en la casa.
El nombre de la denunciada se reserva, pues no fue posible contactarla. Al cierre de edición de este reportaje, ella no había sido notificada de la causa penal en su contra, indicó la abogada denunciante.
Fue hasta mayo cuando Ana Lidieth Ramírez Montenegro y su madre, hermana de don Proceso, llamaron a la Fuerza Pública, entraron al sitio un día en que la mujer denunciada no estaba y descubrieron lo que en realidad sucedía.


Ana Lidieth le contó a La Nación la compleja situación que han enfrentado don Proceso y su familia.
“En ese lugar no había luz, se metían las goteras, tomaba agua por una manguera, las necesidades las hacía en un servicio de hueco. Ella no lo bañaba, le daba de comer una vez al día en taza y botella desechables para botarlos”, contó Ramírez.
La mujer describió que el sitio tenía un olor insoportable y estaba lleno de polvo, leña, ratas y pulgas.
“Cuando ella se enteró que yo me lo llevé, dijo que qué bueno, que iba a agarrar a besitos a quien le echó la Policía porque le habían quitado el estorbo”, contó Ramírez.
Después fueron a ver a la abogada Arce, presidenta del Instituto de Victimología, y él estuvo de acuerdo en interponer la denuncia contra su familiar, afirmó la sobrina de don Proceso.
Arce confirmó que también exploran ampliar la denuncia al presunto delito de trata de personas, pues, en apariencia, el señor era obligado a cortar el zacate de la propiedad.
“Ya la denuncia está interpuesta, ya lo valoró Medicatura Forense, ya se mandaron a pedir las pruebas, ya identificaron al notario que colaboró con la persona a hacer esto también”, dijo la abogada.
Una nueva vida para don Proceso
Tras salir de la troja, la calidad de vida de don Proceso cambió radicalmente.
Este fin de semana, su familia le celebró su cumpleaños 88, que cumplió a principios de este mes, en Oratorio de Oreamuno, a unos cuatro kilómetros de donde vivió.
Ahora, su sobrina Ana Lidieth está a cargo de él. Según narra, se alimenta correctamente, duerme en una cama calientita, se baña todos los días y tiene ropa limpia, está bajo control médico y, sobre todo, está rodeado de su familia.

“Él tiene hijas, pero dos tienen condiciones especiales y dos más que están enfermas, por lo que no se podían hacer cargo de él.
”Aun así, entre la familia buscábamos la manera de que él viviera en buenas condiciones, pero esa mujer no nos permitía ni siquiera entrar porque nos echaba”, declaró Ramírez.
“También se buscó la manera de obtener la cédula para asegurarlo, pero tampoco era posible porque decía que ella era la que mandaba y lo estaba cuidando. En el 2025, le quitó el terreno, el cariño de la familia e impedía que quienes se lo querían llevar, lo hicieran”, agregó la sobrina.
Ana Lidieth Ramírez afirmó que don Proceso ya recibe atención en el Ebáis de Cipreses de Oreamuno, pues no se encuentra en buenas condiciones de salud.
El señor no puede ni ver ni caminar. Padece un cólico que le causa mucho dolor y está afectado de los pulmones, entre otros malestares.
“A pesar de estar enfermito, se ha ido recuperando. Cuando me lo llevé pesaba 45 kilos y hace como un mes estaba en 50. Duerme muy bien, está bien animado y dice que está contento de estar aquí”, contó Ramírez.
La familia ahora gestiona el aseguramiento de don Proceso para que, poco a poco, pueda recuperar la calidad de vida de la que fue despojado.
