
Los Chiles, Alajuela. Pese a vivir a escasos 1.500 metros de esta ciudad cercana al límite con Nicaragua, los invasores de la antigua finca El Achiotal, hoy precario San Lorenzo, viven aún como en los albores del siglo XX.
No tienen acceso a servicios básicos como agua potable, electricidad y cloacas, ya que la mayor parte de las tierras donde están asentados son parte del Corredor Fronterizo Costa Rica - Nicaragua, que es territorio inalienable.
Las más de 50 familias siguen cocinando con leña, gas o canfín. Aún utilizan planchas que calientan con carbón y para obtener agua deben perforar pozos artesanales o caminar hasta un kilómetro y más para recoger líquido del río Frío.
Las familias, muchas de ellas de ascendencia nicaragüense, invadieron El Achiotal, de 450 hectáreas, en junio del 2000.
Desde entonces han hecho muchas gestiones ante el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y el Instituto de Acueductos y Alcantarillados (AyA) para que les conecten la luz y el agua, pero con resultados negativos.
“La respuesta siempre es la misma. Nos dicen que nosotros no somos los dueños legítimos de las tierras y que, además, estas forman parte de la franja inalienable y que, por lo tanto, no pueden hacer nada por nosotros”, dijo María Ortega, madre de cuatro niños.
Ella agregó que es inaceptable que, teniendo las líneas eléctricas casi al frente de su humilde casa de madera y latas de zinc, no logre el acceso al servicio eléctrico.
Igual sucede con el vital líquido. El tanque de almacenamiento que surte de agua a varias familias de la ciudad de Los Chiles está casi a la misma distancia.
“Los servicios los tenemos muy cerca, pero por asuntos de ley los sentimos muy lejanos”, expresó la campesina.
Debido a esa adversidad, la mayoría de los primeros invasores vendieron las parcelas y se marcharon a otras localidades.
“Esas ventas no tienen ningún valor legal”, advirtió Hamilton Henríquez, representante de los hermanos Reyes Guerrero, quienes se atribuyen la posesión de los terrenos por 40 años.
La misma situación de San Lorenzo se repite en otros pueblos del Corredor fronterizo.
A manera de ejemplo, en Punta Cortés las mujeres lavan ropa en riachuelos y aprovechan agua llovida para preparar alimentos.